El tiempo de las disputas políticas ha terminado, urge la unidad nacional para enfrentar las amenazas climáticas y ambientales

Por: Marcos Nordgren*

27 de abril de 2021.- Existen muchas maneras de describir lo ocurrido en el país en el escenario político durante el último año y medio, pero muchas de las interpretaciones coinciden en señalar elementos comunes certeros que describen la caída de un gobierno liderado por Evo Morales, la anulación de los resultados de la elección de 2019, y la asunción de un gobierno transicional a quién se le había encomendado la organización de nuevas elecciones nacionales, pero terminó desvirtuando su papel y entorpeciendo la reconducción democrática.
Todo en medio de una pandemia que ha golpeado muy duro a los sectores populares del país principalmente. Muy en línea con los resultados del referéndum de 2016 que censuró la re-postulación de Evo Morales por segunda vez, las elecciones de 2019 probablemente habrían resultado en la derrota de su candidatura, de no ser por la documentada interferencia ocurrida en el proceso electoral nacional y la consecuente anulación de esas elecciones.
Se puede decir mucho sobre el vacío y oportunidad política creada en ese escenario y luego aprovechada por una oposición conservadora, pero muchos, incluso dentro del propio partido de gobierno, coinciden en reconocer las graves equivocaciones del propio Movimiento al Socialismo, que en primera instancia dio lugar a ese escenario.
Un elemento que suele faltar en las interpretaciones más comunes de lo ocurrido, sin embargo, es la aparición de una fractura al interior del MAS que parece haber cambiado la correlación de sus fuerzas internas pero que, en el mejor de los casos apenas se ha descrito por los medios, como disputas personales de poder en el seno del partido ahora nuevamente en gobierno.
No obstante, para quienes han seguido con un poco más atención lo ocurrido, existen muchos más elementos que apuntan a que la división en el MAS ha sido más profunda e importante de lo que los analisis suelen reconocer.
Más allá de la disputa acerca del fraude/golpe que llenó estérilmente por meses las páginas de los noticieros televisivos, periódicos y sitios web del país, las peleas internas del MAS durante la definición de candidatos a presidente y vicepresidente para las elecciones 2020, han entreabierto la posibilidad del retorno de una corriente más coherente con los valores iniciales del proyecto de gobierno del MAS.
Recordemos que esta corriente había sido prácticamente vencida a partir de la intervención policial de la Sexta Marcha Indígena por el TIPNIS. La derrota y fracaso de las elecciones de 2019 para el MAS, parece ser el inicio de un proceso de cuestionamiento interno del proyecto desarrollista y de corte populista representada por el expresidente Morales y su entorno, y al mismo tiempo la posibilidad de retomar su proyecto político anterior.
Me refiero a la línea política del actual vicepresidente Choquehuanca, de donde se desprendió originalmente la propuesta del Vivir Bien y la corriente indigenista que tiñó la retórica del expresidente Morales durante sus primeros cuatro años, pero que estuvo luego en disonante contradicción con sus políticas durante los siguientes 10 años al menos. Insisto en esto porque no es posible comprender el escenario y las posibilidades que la salida de Evo Morales ha generado, sin entender antes que al interior del MAS aún sobreviven fuerzas más progresistas, qué, aunque están aisladas y todavía débiles podrían ser la semilla de un nuevo periodo para la política boliviana, y en un momento de emergencia sin precedentes para Bolivia y el mundo en su conjunto
Las críticas más recientes a las acciones de vicepresidencia en el marco del día internacional de la Madre Tierra, desde grupos y organizaciones comprometidas en las recientes luchas socioambientales nacionales, si bien es legítima y oportuna tomando en cuenta la continuidad de la propuesta desarrollista del presidente Luis Arce, puede significar que todavía no se ha identificado con claridad los posibles aliados dentro del gobierno.
A la larga Incluso podría tener como consecuencia que perdamos la oportunidad de contar con una corriente más progresista dentro del propio gobierno del MAS, que tomando en cuenta la pobre coyuntura política actual, parece ser nuestra mejor opción de responder al grave peligro de profundización de la crisis climática-ambiental que hoy ya visiblemente empieza a destruir irreparablemente los cimientos de la civilización humana actual.

Estamos viviendo la primer y posiblemente última crisis ambiental de escala civilizatoria

Especialmente desde la perspectiva del conflicto de la Crisis Climática y la Pandemia provocada por el profundo deterioro ambiental, esto es cada vez más evidente. La ocurrencia de la 6ta extinción masiva de seres vivos en escala geológica y la evidente crisis de la basura y deshechos en que se desarrollan nuestras vidas, no hacen más que reafirmar que el mundo humano deberá reinventarse profundamente la siguiente década para evitar el completo descarrilamiento del sistema climático global y la destrucción final de los ecosistemas.
El cambio requerido es tan grande, sin embargo, que muy pocos se animan a ser optimistas respecto de nuestras posibilidades reales de lograrlo sin grandes costos sociales. Incluso quienes ven el momento como una oportunidad de reorientar la economía en una dirección más justa y sostenible, están en duda de si habrá tiempo y fuerzas suficientes para conseguirlo. Pero aun así, la inacción comparada hoy por muchos líderes al suicidio colectivo, no es una opción.
No queda pues más alternativa que enfrentarnos al desafío de reconstruir nuestras sociedades y emprender con todos los recursos que tengamos, la tarea de rediseñar nuestra economía, y reposicionar a la naturaleza con sus vitales funciones socioambientales, en el centro mismo de una nueva ideología política y modelo de sociedad. Esta es la más clara prioridad política que tiene el mundo y Bolivia en particular durante la siguiente década al menos.

No hay más tiempo para disputas sectoriales por el poder

El momento que vivimos está fuertemente marcado por la ocurrencia de múltiples crisis socioambientales asociadas a una mayor volatilidad y fragilidad del sistema económico global. Los cisnes verdes como también se les llama a tales crisis económicas causadas por desastres ambientales de gran magnitud, son una muestra del nuevo mundo en que vivimos, su interconexión y elevada complejidad.
En estos tiempos, nuestro país no puede darse el lujo de enfrascarse en un nuevo capítulo de disputas partidarias y sectoriales del poder político. Todas las señales muestran claramente que necesitamos construir con urgencia un nuevo pacto social con la capacidad de poner en el centro del debate el interés común y literalmente la supervivencia de la sociedad boliviana. Si bien aún no salimos del más reciente conflicto político, es imprescindible empezar a exigir a las y los políticos bolivianos la necesidad de reconocer el momento de crisis múltiple que vive el país y el mundo, y la necesidad de hacer un frente común para construir un país capaz de resistir los embates de la crisis climática y resguardar a la población vulnerable. En juego está el futuro del país, los sistemas de producción de alimentos, el aprovisionamiento de agua, la salud de la población, el orden y paz social.
La gran pregunta es si los políticos bolivianos tienen el nivel de madurez suficiente para hacer a un lado disputas políticas sectoriales irrelevantes y poner al centro de la discusión la necesidad de transformar la economía nacional.

Bolivia tiene buenas oportunidades hoy,                                          pero mañana podría ser tarde

En el crítico escenario que describo, Bolivia no se encuentra totalmente desprovista. La rica biodiversidad, la diversa y larga tradición de la agricultura campesina indígena, abundantes fuentes energéticas renovables, uno de los yacimientos más grandes de litio (mineral clave en la era de la energía eléctrica) y una población relativamente pequeña, hacen de Bolivia un país con potenciales interesantes para enfrentar el escenario de profundización climática y sus demandas de transformación.
Sin embargo, hace falta alinear las políticas nacionales con los grandes desafíos que tenemos por delante, por que de otra manera esas fortalezas pueden rápidamente derrumbarse, como los ricos bosques amazónicos con el fuego e indiferencia de los intereses económicos de corto plazo.
En esta dirección, es de gran importancia iniciar con sinceridad un debate genuinamente nacional sobre la política agrícola, política energética y el futuro de nuestros bosques primarios. Este debate debe involucrar una discusión sobre las opciones económicas reales del país y contar con la participación de los principales actores sectoriales, pero también abrir la participación a la ciudadanía boliviana, que, en los escenarios de crisis climática y degradación ambiental generalizada, definitivamente ya es una de sus principales afectadas.
Esto significa a su vez, que necesitamos con urgencia aprender a tender los puentes que nos permitan reiniciar el diálogo con las autoridades públicas genuinamente interesadas en abordar la crisis -y hay que felicitar aquellas activistas que supieron recibir la mano tendida por el evento de vicepresidencia “Reencuentro con la Pachamama”.
No nos encontramos en tiempos normales, la pandemia de COVID-19 se ha encargado de mostrárnoslo, y es importante volver a reunirnos todos y todas las ciudadanas bolivianas para definir conjuntamente el camino que elegimos transitar para resolver los grandes problemas ambientales que han puesto en cuestión el modelo de sociedad que antes creíamos viable, y simultáneamente dejar un mundo posible para nuestras hijas e hijos.
Este proceso será largo y demandará del compromiso de toda la ciudadanía durante décadas, pero es la única posible salida ya que en manos de las empresas y gobiernos únicamente, el mundo a debatido durante más de 30 años, empujándonos más hacia el precipicio, sin producir soluciones verdaderas. Pero no todo es oscuro en este escenario porque el resultado de un proceso de construcción ciudadana, de los nuevos horizontes políticos y económicos, oculta en sus entrañas, la posibilidad de sociedades verdaderamente más justas y posibles para el disfrute de todos y todas.

*Técnico de la PBFCC

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