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Una COP más; sin avances para frenar el calentamiento global

Una COP más; sin avances para frenar el calentamiento global

Por: Juan Carlos Alarcón Reyes

Tras más de dos semanas de negociaciones, en la Cumbre del Clima de Glasgow. Se ha aprobado un texto que deja insatisfecha a la inmensa participación de la sociedad civil, pero también a una mayoría de países pero que, sin embargo, ha sido firmado en pos del consenso y de poder seguir trabajando de manera conjunta contra el calentamiento global.

En los primeros días del desarrollo del evento, los representantes de los diferentes países han manifestado su preocupación por los impactos que está generando la Crisis Climática y se han comprometido a poner sus mayores esfuerzos para lograr y garantizar limitar el aumento de la temperatura mundial a +1,5ºC, como está en el Acuerdo de París.

Sin embargo, dichas promesas han quedado en sólo palabras, o como dijo Greta Thunberg “bla, bla, bla”, “estamos cavando nuestra propia tumba”. Entonces nuevamente la COP como muchas de las anteriores ha fracasado en lo que podía lograr; que uno de sus fines importantes era terminar las reglas sobre la aplicación del Acuerdo de París.

Desde la Plataforma Boliviana Frente al Cambio Climático, hemos hecho el seguimiento de las negociaciones junto a Climate Action Network Latin América (CAN-LA), se ha participado de los eventos de la sociedad como de la Minga Indígena, Tribunal Internacional de los Derechos de la Naturaleza, Asamblea Mundial por la Amazonía, Etnia, Plataforma de Comunidades Locales y Pueblos Indígenas, dónde se ha compartido el trabajo y las reflexiones en torno a la Justicia Climática.

En cuanto al documento aprobado en la COP 26, denominado “Pacto de Glasgow”, algunos puntos importantes -y que también las redes de la sociedad civil se han referido- podemos mencionar los siguientes:

A) Revisión de los Compromisos Nacionalmente Determinados (NDC por sus siglas en inglés). El Pacto de Glasgow por el Clima propone que los Estados miembros presenten a finales de 2022 nuevos compromisos nacionales de recortes de emisiones de gases de efecto invernadero, tres años antes de lo previsto, porque con las actuales que han presentado se estaría llevando al planeta a una subida del mercurio de entre 2,4 y 2,7 grados, según el análisis.
La intención es reducir la brecha y el documento consensuado por los países es «razonable», según varias fuentes, a la hora de exigir esa ambición. Sin embargo, la presentación de los nuevos NCD con mayores ambiciones, puede no ser posible por el texto lleva a que se haga «teniendo en cuenta las diferentes circunstancias nacionales»; esto puede ser el argumento para no hacerlo.
Las redes de la sociedad civil, sin embargo, recuerdan lo evidente: que estas metas nacionales no son vinculantes y que pasar las papas calientes a 2022 es, de nuevo, retrasar el abordaje del desafío cuando cada vez queda menos tiempo

B) Incorporación de emergencia climática y crisis climática. El texto final adoptado por la Cumbre de Glasgow recoge las conclusiones planteadas en los últimos informes del IPCC, que plantean la necesidad de reducir en al menos el 45% de las emisiones globales para 2030. Si bien, como han expresado algunos países, esto marca un hito y punto de inflexión en las cumbres climáticas, su debilidad estriba en que no tiene capacidad vinculatoria ni está ligada a la revisión de los compromisos de los países.

C) Ningún avance en el financiamiento. Esto es un gran fallo de la COP26, siendo, que los países más ricos, y más responsables de la crisis climática, ayuden a los países más pobres y vulnerables a sus efectos a abordar las transformaciones necesarias. En esta cumbre del clima, pequeños países insulares, naciones muy afectadas por los fenómenos meteorológicos extremos y estados del Sur Global han agitado el fantasma de la ausencia de consenso.
En el texto, los países ricos (también llamados donantes) se comprometen a cumplir su promesa incumplida: 100.000 millones de dólares al año entre 2020 y 2025. A partir de 2025 la cifra deberá duplicarse, lo que es una buena noticia y un avance; pero sigue sin haber mecanismos del todo vinculantes que asegure a los vulnerables que el Norte Global no va a volver a fallar.

D) El gran fracaso es en cuanto al mecanismo de pérdidas y daños: Los países más pobres y vulnerables han luchado hasta el final para obligar a un número concreto, como con la financiación climática, pero la Unión Europea y Estados Unidos no han dado su brazo a torcer. Probablemente, la COP27, que se celebrará en Egipto, aborde este tema como primordial. En el texto final menciona que se dé continuidad al Mecanismo de Varsovia y se inicie su instrumento de implementación, la Red de Santiago. Sin embargo, el acuerdo no garantiza la creación de un fondo para afrontar estas pérdidas y daños porque en lugar de crear un fondo lo que hace es iniciar un diálogo para crear un fondo. Este proceso retrasará la llegada de esta financiación, que era una de las principales demandas de los países más afectados por el cambio climático.

E) Llamada a acabar con los subsidios estatales a combustibles fósiles y a reducir su uso. Por primera vez desde Kyoto (1999), un pacto en una cumbre del clima menciona a los grandes causantes de la emergencia climática. Se pide terminar con las ayudas y ejecutar el final del carbón, pero no de todo el carbón, sino de las centrales sin tecnologías de absorción de carbono; así como con las iniciativas estatales que sean «ineficientes», lo que en la práctica es una puerta abierta a seguir emitiendo y apoyándose en estas tecnologías para generar energía.
Según información de InfoLibre, a “última hora, en el plenario final, India incluyó un cambio final en la redacción: en vez de eliminar gradualmente («phase out») el uso del carbón, reducirlo gradualmente («phase down»), entre críticas de países como México, Islas Marshall o los pertenecientes a la Unión Europea, que no han reabierto la discusión en pos del consenso.

F) Artículo 6. Con respecto a la reglamentación del artículo 6 del Acuerdo de París, que prevé la creación de un mercado de carbono global para que los países puedan invertir en reducciones de emisiones en otras partes del planeta. Tras seis años de discusiones, se ha alcanzado un acuerdo. La doble contabilidad (que el país inversor y el receptor se apuntaran las mismas reducciones, considerado una trampa) se ha prohibido. Brasil, que bloqueó las negociaciones el año pasado en Madrid, ha dado su brazo a torcer.

Sin embargo, se permitirá la inclusión de créditos antiguos, procedentes del Protocolo de Kyoto: reducciones ya conseguidas hasta 2013. Es la peor cara de un pacto que ha sido muy celebrado por los negociadores infiltrados de las grandes corporaciones. Sobre los mecanismos no vinculados a mercado no hay avances.

Rol y participación de la sociedad civil y los Pueblos Indígenas

A pesar de las grandes restricciones para la participación de la sociedad civil, en cuanto a los requisitos de vacunación, pruebas de PCR, realización de cuarentena y más requerimientos por la pandemia del Covid-19, que el país anfitrión de la COP 26 ha impuesto, además de los altos costos de pasajes y estadía; la sociedad civil ha estado presente en la COP, y en los eventos paralelos como los eventos de la zona verde, Cumbre de los Pueblos, Minga Indígena y otros. Pero también, participando en los organismos especializados creados en el marco de los Acuerdos Climáticos de la ONU como: la Acción para el Empoderamiento Climático (ACE), la Plataforma de Comunidades Locales y Pueblos Indígenas (Plataforma CLPI), el Plan de Acción para la Igualdad de Género (GAP, por sus siglas en inglés) y el Comité de Katowice sobre medidas de respuesta.

Su participación se ha concentrado en situar a los pueblos y las comunidades en el centro de la acción climática, dónde las partes deben basarse en esto y garantizar que la acción climática a nivel nacional, regional e internacional sea inclusiva, eficaz, se base en los derechos humanos y contribuya a una transición justa.

Situar a las personas y a las comunidades en el centro de la acción climática contribuirá a contrarrestar aquellos esfuerzos por aumentar las políticas climáticas y los ecosistemas –incluyendo las llamadas «soluciones basadas en la naturaleza»– o las falsas soluciones, que tienen el potencial de socavar la acción climática efectiva, y ponen en peligro los derechos de las comunidades afectadas, especialmente las mujeres y los pueblos indígenas.

Los derechos humanos, las salvaguardias sociales y medioambientales y las vías de reparación deben contrarrestar estas tendencias, garantizar que estos mecanismos no supongan una amenaza para los derechos humanos y, en caso de que se produzcan violaciones, que existan sistemas adecuados de reparación.

Se ha exigido que la COP26 no sólo debe ampliar estos mandatos, sino que también debe garantizar que los derechos humanos, incluidos los derechos de los pueblos indígenas, la igualdad de género y una transición justa, se reflejen adecuadamente en todos los resultados de la COP para impulsar eficazmente la acción climática nacional hacia políticas justas, inclusivas y centradas en las personas y los seres vivos de la Madre Tierra. Esto fue el clamor durante la marcha global por el clima, no más sin la participación de los pueblos, las soluciones tienen los pueblos no los Gobernantes.

Los representantes de los pueblos indígenas de la Cuenca Amazónica, aglutinados en la Coordinadora de las Organizaciones de la Cuenca Amazónica (COICA) han hecho el llamado a proteger el 80% de la Amazonía hasta el 2025, como una medida urgente ante la actual crisis climática y para detener el punto de no retorno. “Proteger la Amazonía es vital, ya que funciona como el corazón biológico de nuestro planeta: secuestra y almacena grandes cantidades de carbono, regula el clima continental y global, produce oxígeno y lluvia, impulsa los sistemas climáticos, entre otros beneficios” (CIOCA).

Por su parte los delegados de la Minga Indígena se han posicionado en la defensa de la justicia climática, social y cultural; los derechos de los territorios y el derecho a la consulta. Han exigido que la Minga Indígena sea reconocida como interlocutor válido de los pueblos indígenas dentro de los espacios establecidos de la COP.

Entonces, la sociedad civil ha jugado un rol importante en la incidencia y presión a las partes en negociación y se han generado nuevas alianzas.

Pero, en resumen, podemos decir que el: Pacto de Glasgow ha estado protagonizada por el discurso de la emergencia climática, los acuerdos finales posponen todas las medidas necesarias para hacerle frente.

Una inmensa mayoría de países expresa su descontento con el texto final porque no responde a las expectativas de la ambición deseada, pero deciden firmarlo para poder seguir manteniendo viva la llama del trabajo conjunto contra la lucha climática, o simplemente respondiendo a los intereses de las grandes empresas transnacionales.

El abandono de la subvención a combustibles fósiles y los aspectos de financiación han sido dos de las piedras angulares de las negociaciones. La sociedad civil considera que el acuerdo estanca la lucha climática y no da respuesta a las consecuencias del calentamiento global que ya están sufriendo millones de personas en todo el planeta.

* Técnico de la Plataforma Boliviana Frente al Cambio Climático

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