Transgénicos y crisis climática, un salto hacia el desastre

Por: Martin Vilela*

La región del oriente boliviano en la que desde hace décadas se ha experimentado una agresiva ampliación de la frontera agrícola para el impulso del modelo agroindustrial exportador es también la región en la que se encuentran los importantes ecosistemas de bosques tropicales que, además de albergar una invalorable biodiversidad, son de los factores más importantes para mantener la temperatura estable en el planeta y la región, además de mantener el ciclo hídrico continental.

El impulso de políticas para la consolidación del modelo agroindustrial en el país fue sistemáticamente implementado, paradójicamente, desde el año 2010 mediante reformas al texto de la Nueva Constitución Política del Estado antes de su aprobación, que, además, abrió la posibilidad de introducir eventualmente los transgénicos.

Esto en contra del criterio de una gran mayoría de la población que desde principios de siglo demandaba cambios estructurales para, entre otras demandas, acabar con unas prácticas depredadoras y los impactos resultantes del modelo de producción agropecuario, donde el rechazo a los transgénicos jugó un papel central.

Prácticas que han sido ampliamente denunciadas por los múltiples atropellos a derechos de comunidades locales, la apropiación ilegal de tierras, el desplazamiento de comunidades, la vulneración a derechos laborales, el uso de agroquímicos tóxicos, la deforestación ilegal y las prácticas ilegítimas de influencia de la orientación de políticas públicas para perpetuar sus prácticas en impunidad.

Estas prácticas de influencia han sido claramente expuestas en varios momentos los últimos 10 años en los que se ha evidenciado el compromiso gubernamental para la ampliación de la frontera agrícola; la flexibilización de las normativas de protección de bosques; la subvención de combustibles; el fomento a la utilización de agroquímicos; el impulso a la producción de etanol; el acuerdo para la comercialización de carne a China; el fomento a las quemas que causaron la pérdida de más de 2 millones de hectáreas de bosques el año 2019.

La aprobación del Decreto Supremo 4232, que autoriza la utilización de semillas genéticamente modificadas (transgénicas) en los cultivos de maíz, caña de azúcar, algodón, trigo y soya es simplemente una ratificación de éstas políticas por el gobierno transitorio, que bajo la excusa de responder a los impactos en la economía provocados por la  emergencia sanitaria del coronavirus (COVID-19), da un nuevo paso para consolidar poder de la oligarquía agroindustrial del país y sus vínculos con el poder transnacional y como consecuencia para la destrucción de los ecosistemas de los bosques, Amazónico, Chiquitano y Chaqueño.

En Bolivia la agricultura en gran escala y la ampliación de la frontera agrícola son los principales responsables de las emisiones de gases de efecto invernadero, llegando a significar 108,89 millones de toneladas de Gases de Efecto Invernadero representando el 80.1% del total de las emisiones nacionales.

Al mismo tiempo, se puede constatar que los grandes agricultores que representan el 2% del sector detentan aproximadamente el 50% de las tierras agrícolas para cultivos industriales.

En el caso de la ganadería ésta relación es aun más alarmante, el 7% de los grandes ganaderos detentan cerca al 90% de las tierras de producción ganadera. Estos datos revelan una realidad desproporcionada en todo sentido. El sector agroempresarial de unas minorías que además de poseer grandes extensiones de tierra y obtener grandes ganancias, son los principales responsables de la destrucción de ecosistemas, la vulneración de derechos y de las mayores emisiones de Gases de Efecto Invernadero en el país.

La ciencia ha alertado que los ecosistemas de bosques tropicales están perdiendo su capacidad regenerativa y se estima que una pérdida de entre un 20% a un 25% de la masa forestal sería el límite en el cual los bosques llegarían a un punto de inflexión donde reducirían su capacidad de evapotranspiración.

Es decir, no tendrían la misma capacidad de reproducir el ciclo de lluvias en la región y por lo tanto empezaría un proceso de degradación progresivo. Estos estudios estiman que, en el Amazonas, se llegaría a este punto entre el año 2022 al 2025, escenario en el que la vida en la región estaría en peligro.

Desde el punto de vista de justicia climática en Bolivia para para proteger la vida, los ecosistemas y las comunidades locales frente a la futura crisis climática, resulta urgente e imprescindible el cambio radical del modelo agropecuario, impulsando políticas de transición que en el mediano y largo plazo elimine las prácticas agroindustriales, e impulse un modelo que considere los límites de la Naturaleza, que impulse la producción local y familiar la producción indígena-campesina, los sistemas agrosilvopastoriles, la agroecología, la agricultura urbana, que logre una reestructuración de la gestión territorial para la restauración y protección de ecosistemas de bosques y permita una desconcentración de la tenencia de la tierra, garantizando el derecho a la alimentación y el bienestar de toda la población principalmente la más vulnerable.

El impulso del gobierno a los transgénicos es un salto hacia el desastre y forma parte del paquete de consolidación del modelo que está mandando a la humanidad al abismo. La urgencia plantea grandes retos, lograr un cambio de este modelo requiere de un cambio radical en la lógica y comprensión del desarrollo, del criterio de crecimiento económico y de la rentabilidad, al mismo tiempo se debe asegurar hacer efectivo el ejercicio de derechos, cubrir las necesidades y abrir oportunidades a la población más vulnerable. Esta transición sólo podrá ser real y efectiva si existe una cultura colaborativa y solidaria para reconstituir el tejido social boliviano, debemos recuperar la capacidad de articular, de participar, de proponer, de interpelar el poder y de exigir ser escuchados.

                                                                                       * Miembro de la Plataforma Boliviana frente al Cambio Climático

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