La vulnerabilidad de indígenas y campesinos en tiempos de coronavirus

Por: Mario Laura Huallpa *

PBFCC/31 de marzo de 2020

Luego de un largo proceso de reivindicación, lucha e incidencia política de parte de las naciones y pueblos indígenas originarios campesinos (NyPIOCs), el año 2009 se constitucionalizan los derechos específicos, tanto individuales y colectivos, como formas de convivencia comunitaria en base a la producción, promoción, contribución, participación política y toma de decisiones sobre su desarrollo integral con identidad, principios, valores y visión propia dentro del paradigma del vivir bien.

Sin embargo, a pesar de los avances sustanciales que les permitió tener una incidencia política exitosa y experimentar una mesurada reducción en los niveles de pobreza, aún resta por mejorar en varios aspectos, principalmente en salud y educación. Los pueblos indígenas y originarios de Bolivia continúan enfrentándose a las barreras estructurales en lo político, educativo, social, económico y cultural, lo cual se traduce en los grandes desafíos para satisfacer sus necesidades básicas en medio de una economía extractiva cada vez más globalizada.

Sin soluciones integrales

Estas mejoras de inclusión social no estuvieron acompañadas por soluciones integrales en materia de salud que mejoren la calidad de vida de los habitantes de los pueblos indígenas y originarios del país. Se necesita mayores esfuerzos para garantizar y proteger los derechos colectivos de las NyPIOCs desde una perspectiva diferente que tome en cuenta su identidad cultural y sus formas de convivencia armónica con la naturaleza.

Los datos del censo del año 2012 muestran que el 41 % de los bolivianos se identificaron como indígenas, apelando a lo que refiere el Artículo 5 de la Constitución Política del Estado que reconoce sólo idiomas de 36 NyPIOCs. No obstante, contrario al sentido de pertenencia o auto identificación cultural, un gran número de familias indígenas y originarias viven en ciudades capitales o zonas urbanas intermedias, incluso, sin contar con los servicios básicos. Pero tienen doble residencia.

Lamentablemente, en los últimos 14 años los hogares de los pueblos indígenas y originarios no se beneficiaron significativamente con el auge del crecimiento económico, que priorizó construir canchas sintéticas de hasta un millón de bolivianos y sedes sociales de entre 8 y 12 millones de bolivianos, dejando de lado el apoyo e incentivo a la pequeña agricultura familiar campesina. Razón suficiente para migrar hacia el interior y exterior del país, todo por mejorar la calidad de vida de sus familias.

El adulto mayor del área rural  

Bajo el lema para que nunca más seamos excluidos”, el gobierno anterior se construyó a partir de la exclusión y de las reivindicaciones de los pueblos indígenas y originarios campesinos, pregonando cambiar su situación injusta, con aplicación de la actual Constitución Política del Estado, “para que todos los originarios bolivianos sean iguales, sin racismo ni discriminación”.

Si bien el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) no registra datos desagregados sobre la población adulta mayor que habita en el área rural. La Fundación Jubileo en su publicación de análisis del año 2019 establece que la pobreza moderada rural afecta al 53,9 % de la población y la extrema pobreza al 34,6%. Lo que significa que dentro de ese porcentaje se encuentran los adultos mayores, constituyéndose actualmente en la población más vulnerable expuesta a contraer el coronavirus (COVID 19).

¿Por qué nos referimos a la población adulta mayor del campo?

En primer lugar, porque son las únicas personas que sobreviven en el área rural revalorizando y fortaleciendo la conservación de la flora y fauna y, difundiendo los saberes ancestrales para las prácticas de medicina tradicional entre espiritualistas, parteras y otros. En segundo, porque ellos incentivan la reconstrucción de los sistemas alimenticios, el consumo de alimentos locales y orgánicos como medidas de prevención contra la desnutrición de niñas, niños, adolescentes, jóvenes y adultos en sus territorios.

Los habitantes de los pueblos indígenas originarios, principalmente la población adulto mayor, se encuentra desamparada frente al crecimiento exponencial del coronavirus (covid-19), porque carecen de servicios básicos, agua potable principalmente, y en sus territorios no existen hospitales de primer y segundo nivel; algunas comunidades cuentan con postas o centros de salud con un reducido personal médico para la atención primaria de salud.

A ello se suma la poca información sobre el riesgo del coronavirus, que en ocasiones pueden confundirse como un simple resfriado y ser tratado con medicinas naturales a base de hierbas (eucalipto y el pino normal), sin imaginar sus futuras complicaciones. Otro factor de riesgo para el adulto mayor del campo el recorrido de varios kilómetros que realzan para ofrecer sus productos en las ferias comunitarias semanales o mensuales, donde indudablemente tienen contacto con personas de distintos lugares.

Frente a este panorama y en medio de la declaratoria de emergencia sanitaria por el coronavirus y la cuarentena parcial vigente, cómo cuidamos y controlamos a los adultos mayores del área rural, que por esa concepción dual andina siempre transitan chacha warmi (hombre –mujer).  Además este sector no puede quedarse en casa porque simplemente está habituado a trabajar la tierra, más todavía en este tiempo de cosecha. Pero, ¿cómo reducimos estas vulnerabilidades?

Medicina convencional versus Medicina tradicional

Una de las aspiraciones de los pueblos indígenas y originarios campesinos, fue fortalecer la salud integral ancestral en sus territorios, revalorizando las teorías, habilidades, conocimientos, prácticas, creencias, ritos y ceremonias espirituales, “para sanar de verdad”. Es así que el Artículo 35. II. reconoce el sistema único de salud en todos sus niveles e incluye a la medicina tradicional de las NyPIOCs, concordante con el Artículo 42.I. que responsabiliza al Estado de promover y garantizar el respeto, uso, investigación y práctica de la medicina tradicional, rescatando los conocimientos ancestrales (…)“.

Sin embargo, en el área rural se implementó el modelo de atención en salud familiar comunitaria intercultural (SAFCI), que establece que los médicos tradicionales trabajen de manera coordinada con los biomédicos pero, para eso deberían crearse ítems en las provincias respetando sus conocimientos científicos y saberes ancestrales en igualdad de condiciones.

El ejercicio y práctica de las y los médicos tradicionales (guías espirituales, parteras, parteros y naturistas) está reconocido por la Ley 459. Estos recurren a procedimientos terapéuticos ancestrales, acudiendo a las plantas, animales, minerales, terapias espirituales y técnicas manuales “para mantener y preservar el equilibrio de las personas, familia y comunidad para vivir bien”.

Como dijimos líneas arriba, la población rural, para atenuar o sanar enfermedades leves en sus propios domicilios, acude en primera instancia a las propiedades de la medicina tradicional para restaurar el equilibrio y la relación armónica entre el hombre y naturaleza.  Para la cosmovisión andina las transgresiones a las leyes naturales, la mala alimentación y el desequilibrio del hombre con el medio ambiente, son los causantes de las diferentes enfermedades.

*Miembro de la PBFCC

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