Indígenas y la pandemia del coronavirus

Por: René Vargas Llaveta*

Las memorias orales de los sabios amautas nos cuentan que, desde la llegada de los colonizadores, las epidemias y/o enfermedades siempre provenían del viejo mundo; que los pueblos nativos, como los Inkas del Tawantin Suyu, Aztekas, Mayas, entre otros, eran víctimas de estas enfermedades.

Mencionemos algunas: “…la viruela, sarampión, gripe, tifus, fiebre amarilla, paludismo o malaria, la verruga peruana, la peste bubónica, la gripe española, el cólera y coronavirus (Covid–19)”[1] Estas enfermedades acompañaron la colonización, con el consecuente deceso de miles y miles de indígenas, debido a la interacción social entre los españoles e indígenas.

Ahora, la epidemia recién llegada al territorio ancestral del Qullasuyu, el COVID–19, que empezó en una de las ciudades más importantes de China; enfermedad que “… está abrazando el mundo y está afectando a las personas, sin distinción de raza, credo o posición social. Personas están muriendo sin llegar a entender cómo o dónde fueron contagiadas”[2].

Llama la atención, que los líderes mundiales de los países se están acusando de crear el cononavirus con intereses ocultos. El profético mensaje del señor Bill Gates, cofundador de la empresa Microsoft, nos cuenta lo siguiente: “cuando yo era un niño el desastre más temido era una guerra nuclear. Por eso teníamos en el sótano un barril como este lleno de tarros de alimentos y agua. Cuando llegara el ataque nuclear debíamos escondernos allá abajo y comer lo que hubiera en el barril. Hoy la mayor catástrofe mundial no se parece a esto. Más bien, es como esto. Si algo ha de matar a más de 10 millones de personas en las próximas décadas, probablemente será un virus muy infeccioso más que una guerra. No serán misiles, sino microbios”[3].

La realidad que estamos viviendo hoy, hace verídico este mensaje. Los países del viejo mundo, las grandes potencias, están preparados para matar a las personas y la madre naturaleza. Frente a esta realidad, los pueblos indígenas, hemos sido educados como creadores de vida no de muerte; todavía continuamos siendo defensores de la vida humana y de todos los seres vivos de la naturaleza (pachamama).

Es la herencia de nuestros ancestros. Somos ricos en valores éticos, morales, espirituales. Características que van más allá de una visión errónea de pobreza, porque carecemos o no hemos acumulado riqueza material.

Todos se pronuncian

Del mismo modo, pastores de las iglesias evangélicas afirman que todo eso está pronosticado y profetizado en la Biblia. Asimismo, la OMS, pronostica que “el mundo enfrentará otra pandemia de influenza, aunque no se sabe cuándo llegará y qué tan grave será”[4].

Por otro lado, los gobiernos de los estados y justicia internacional CIDH se pronuncian sobre esta pandemia; las grandes industrias farmacéuticas prometen la vacuna en 12 a 18 meses; los estados promulgan leyes y decretos para la prevención, como la cuarentena.

En este contexto, tan difícil, uno se pregunta ¿qué va a pasar?, ¿cuándo va a terminar todo esto? ¿Qué va ha pasar con las familias y sectores sociales más vulnerables, aquellos que viven del día a día?, ¿en qué momento se va a trabajar si esta pandemia empeora?

El retorno a los ayllus

En este crítico momento muchos están alejados de sus ayllus a causa de la migración del campo hacia las ciudades. En las últimas semanas muchas familias han retornado a sus pueblos de origen por tanto temor y miedo que ha causado esta pandemia y otros muchos querrán retornar, por estos mismos motivos.

Esta realidad y sus consecuencias para la vida y salud de los pueblos indígenas, ponen sobre la mesa muchos desafíos. Uno de ellos es la búsqueda en la sabiduría de los pueblos y los conocimientos ancestrales en medicina natural, de plantas medicinales que coadyuven a responder a esta pandemia.

Esto a través de los médicos tradicionales, sabios curanderos, que felizmente las leyes nacionales e internacionales reconocen las practicas ancestrales en medicina natural. Es una alternativa que es posible incentivar por parte de las autoridades de salud y el gobierno, en este contexto y a futuro.

Por otro lado, esta realidad nos debe empujar para retomar el renacimiento espiritual y la educación humana espiritual, que podamos compartir el criterio de la ciencia y la religión de una manera equilibrada.

Elevar la conciencia que somos hombres y mujeres también espirituales; en este sentido es importante fortalecer nuestra fe, que se traducirá en la defensa y cuidado de la vida de todo y de todos los seres humanos.

Un amauta, haciendo referencia a esta problemática, manifestaba que “esta enfermedad no es de Dios, ni tampoco del enojo de la madre naturaleza (pachamama), sino que el propio hombre está creando estos virus, es una forma de atacar y una forma de hacer guerra biológica”[5].

Frente a ello, sugiere que “debemos apegarnos más a la fe, procurar de producir más productos ecológicos, la forma de alimentarnos a base de productos ecológicos que puedan ayudar mayores defensas y curaciones, prevenciones a base de hiervas naturales milenarias”[6]

Estamos ante un fenómeno que amenaza nuestras vidas, tenemos una responsabilidad diferenciada ante esta pandemia. Desde nuestras identidades, capacidades, conocimientos, sabiduría, posibilidades y nuestra fe, comprometámonos a ser responsables y solidarios para superar esta pandemia, para el bien de todos.

 

*Investigador y líder de la Nación Indígena Originaria Yampara.

[1] Visita a: https://www.youtube.com/watch.

[2] Visita a: https://noticias.adventistas.org/es/columna/jorge-rampogna.

[3] Conferencia ofrecida por el cofundador de la empresa Microsoft Bill Gates. Vancouver, marzo 2015

[4] Organización Mundial de la Salud abril 2019

[5] Testimonio del amauta

[6] Testimonio del amauta

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