El coronavirus, una advertencia más que una tragedia

Por Marcos Nordgren Ballivián*

5 de abril de 2020

Aparte de sus consecuencias directas sobre la salud humana, los efectos de la pandemia de coronavirus (COVID-19) en pleno desarrollo, está  produciendo un shock más amplio y grande de lo pensado inicialmente.

Parece quedar claro que el riesgo más serio que representa, no es tanto las muertes directas producidas por acción de la enfermedad, sino más bien la capacidad que la pandemia tiene de saturar y colapsar los sistemas de salud nacionales de los países e imposibilitar la atención y tratamiento de números crecientes de pacientes en estados críticos de salud, cuyos casos pueden convertirse mortales de no tener acceso a un buen y oportuno tratamiento.

Este punto es especialmente importante para nuestro país y otros Estados que, como Bolivia, tienen grandes déficit de servicio básicos, incluido un sistema de salud público insuficiente y muy probablemente incapaz de atender una pandemia en franco desarrollo, de ocurrir sin impedimento, el contagio a gran escala de la población nacional.

Los sistemas de salud

La esperanza para Bolivia y muchos otros entonces, por ahora esta puesta en la reducción de las tazas de contagio y evitar la transmisión de la infección tanto como sea posible ya que la atención a cientos o miles de pacientes en estado de gravedad sería francamente inviable bajo la situación actual.

Si los sistemas de salud de países como Italia y España se encuentran al borde del colapso, sólo basta imaginarse que ocurriría con un número de enfermos parecido en ciudades bolivianas.

La situación actual refleja por lo tanto con claridad una de las grandes preocupaciones que emergerán en situaciones de desastres y epidemias de gran envergadura que según todas las proyecciones, ocurrirán con mayor frecuencia la siguiente década como consecuencia de las profundización de la Crisis Climática en curso.

En estos escenarios será imprescindible desarrollar las capacidades del sistema de salud nacional para poder hacer frente a estas enfermedades de mejor manera.

Una lección importante que sacar de esta pandemia es por lo tanto la necesidad de apostar por un sistema de salud bien desarrollado y con mejores capacidades de enfrentar este tipo de epidemias infecciosas, incluyendo el dengue, la malaria, el mal de chagas y otras enfermedades afectadas por los cambios de temperaturas y humedad promovidas por el aumento de temperaturas y otras alternaciones climáticas.

Impacto en la economía

Otra consecuencia no muy evidente al inicio de la pandemia es que ésta ha resultado en una importante desaceleración de la economía mundial y pérdidas, que hasta la semana pasada, sobrepasaban los 10 millones de millones de dólares (o 10 trillones en inglés).

Este pasado lunes los efectos de la pandemia sobre las aerolíneas, el precio del petróleo y la demanda en general, han precipitado por los suelos a las bolsas de valores por todo el mundo y periódicos reportan que en Estados Unidos, Europa y Asia entre otras, se han registrado fuertes retrocesos y caída de alrededor del 10 -12% del valor de las empresas anotadas, y esto no está cerca de terminar.

Si este efecto ha tenido un virus relativamente benigno como el corona virus (cerca de 2 a 3% de mortalidad), sólo imaginémonos lo que haría una epidemia más grave, o peor aún, la ocurrencia de múltiples epidemias y desastres climatológicos simultáneos.

Serían el fin de la economía global como la conocemos y probablemente transformaría el orden mundial completamente, con grandes pérdidas humanas como principal consecuencia.

Respaldo a la economía

Algunas de las soluciones propuestas para frenar la pandemia tampoco son libres de conflictos para economías como Bolivia que depende de una amplia economía informal.

Mientras Alemania ha ofrecido miles de millones de euros para respaldar a los empleadores de su sector privado y permitirles sobrellevar la imposibilidad de continuar sus actividades económicas sin la necesidad de despedir a su personal y cerrar fábricas y negocios mientras los sistemas de salud públicos controlan el brote de coronavirus, Bolivia no cuenta si quiera con una masa asalariada significativa que pueda optar por quedarse en casa mientras pasa el periodo de mayor riesgo de contagio de la epidemia de COVID-19.

Los emprendedores informales, cuentapropistas, comerciantes y pequeños productores de todo tipo de bienes, se encuentran en una situación de completo abandono y sin la posibilidad de optar por no salir a trabajar por periodos de varios días o semanas.

La economía del día a día es lo que marca sus ritmos y cubre las necesidades inmediatas para la compra de alimentos y otros insumos para la vida de cientos de miles de familias bolivianas.

Ante la crisis climática

Bolivia es indudablemente un país que tiene grandes desafíos adelante y la presente crisis epidemiológica demuestra la profundidad de las dificultades que tendremos para enfrentar epidemias o desastres naturales múltiples profundizados por la crisis climática.

En este sentido resulta importante entender que si bien la presente crisis causada por la pandemia no ha sido nada insignificante o algo con que bromear, las lecciones y advertencias que nos debe dejar son aún más importantes y deben ser resueltas urgentemente en los siguientes años para garantizar la seguridad de la población boliviana y la viabilidad del propio Estado en escenarios futuros que sin duda alguna traerán mayores y más preocupantes desafíos.

Sabemos hoy por ejemplo que enfermedades como la gripe española, la viruela, el ántrax o la peste que fueron eliminadas en siglos pasados, están proceso de liberarse del suelo ártico congelado donde han permanecido dormidas durante décadas, y actualmente están en proceso de descongelamiento gracias al aumento de temperaturas cada vez más acelerado por la crisis climática curso.

Un estudio francés realizado en 2014 tomó un virus de 30,000 años congelado dentro del permafrost y lo calentó lentamente en el laboratorio, volviendo a la vida, 300 siglos después.

A futuro

Con la ocurrencia de pandemias, desastres climatológicos, fallas agrícolas en mente, debemos agradecer la relativa “suavidad” de esta pandemia actual y tenemos que saber interpretar las advertencias que representa para situaciones futuras más adversas.

Necesitamos aprender todas las lecciones ofrecidas por esta pandemia, las graves inundaciones del 2014, la crisis del agua en 2016, el megaincendio amazónico del 2019 y la epidemia regional de dengue para incorporarlas en una estrategia nacional digna de ese nombre, para desarrollar nuestras capacidades de respuesta y preparación frente a la ya innegable Crisis Climática en curso.

Si bien no se tienen evidencias claras de la conexión de la presente pandemia de coronavirus y la Crisis Climática, ésta ocurre simultáneamente a la peor epidemia de dengue registrada en la región de América; en una coyuntura de severas problemáticas múltiples que caracterizará más y más los escenarios futuros.

Sin duda alguna una de las mejores y más urgentes acciones que se incluyen en esta dirección para reducir los riesgos que se ciernen sobre nuestras sociedades, es concentrarnos en frenar la profundización de la Crisis Climática, a través de acciones que reduzcan las emisiones de gases de efecto invernadero y eviten tanto como sea posible los impactos de industrias extractivas sobre los bosques, agua y ecosistemas claves.

Pero como deja en claro el coronavirus, también necesitaremos de sistemas de salud y capacidades nacionales capaces de afrontar los desastres, fallas agrícolas y otros eventos que la Crisis Climática tiene guardadas bajo la manga,  incluyendo probablemente pandemias de mayor intensidad que la actual.

*Miembro de la PBFCC

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