Cocinas Solares: Soluciones para familias de la Amazonía

2018-10-04_08h35_29

El proyecto de Cocinas Solares para la Amazonía cumple su cuarto año de ejecución en la Amazonía boliviana, específicamente en el norte de La Paz y en Beni. En este lapso, más de 300 familias campesinas e indígenas se hicieron propietarias de la misma cantidad de cocinas, que ayudan ostensiblemente a reducir el consumo de leña y gas. De esta manera, en las comunidades se ahorran dinero y, de paso, se reducen las emisiones de Dióxido de Carbono -el famoso CO2-, uno de los principales gases causantes del Cambio Climático que, con diferentes ritmos, ya se siente en todo el mundo.

Sobre todo, las Cocinas Solares sirven para que las mujeres -quienes históricamente han cargado las tareas de sostenimiento de la familia- tengan más tiempo libre para ellas. Es verdad que su tiempo libre lo vuelven a invertir en sus familias. Ellas cuentan que esa hora o dos horas que se ganan con el uso de la cocina solar lo destinan a controlar el rendimiento de sus hijos en la escuela, a limpiar el pahuichi o a lavar la ropa. Los trabajos en las comunidades nunca terminan. Además, la misma cultura amazónica estipula que “flojear” es casi casi un pecado capital.

A fines de 2018, una comisión integrada por las organizaciones que impulsan este proyecto (Christian Aid, Inti Illimani, Soluciones Prácticas, el Centro de Investigación y Promoción del Campesinado -CIPCA- y la Plataforma Boliviana Frente al Cambio Climático) mantuvo reuniones con quienes más aprovechan las cocinas solares.

En los últimos años, la presencia de empresas chinas en la Amazonía ha crecido en niveles inimaginables. Están en la construcción de carreteras, megaobras, hasta funcionan ilegalmente, extrayendo metales de los ríos. El biocidio de jaguares, reptiles y otras especies, ya es noticia común en los diarios. En este contexto de degradación ambiental, las comunidades que históricamente viven allí revalorizan la energía limpia del sol. Muchas otras opciones no les quedan, ya que –según sus testimonios- cuando acuden a las autoridades para encontrar respaldo en sus reclamos, “nadie hace caso a nadie, nadie nos escucha”.

La experiencia de la señora Roxana

Doña Roxana Áñez es de la comunidad Altamarani, en el municipio de San Buenaventura, del norte paceño. “Para mí, mi cocina es muy importante. Me sirve para ahorrar tiempo. Porque más antes tenía que estar con mi haz de leña trayendo del chaco. Luego de trabajar en el chaco, tenía que caminar media hora cargada. Y esa leña me duraba hasta el mediodía. Ahora un haz de leña me dura hasta dos días”, comentó.

“También la utilizo para hacer deshidratado de verduras -agregó-. Las hago secar y las embutimos en frasco de vidrio, ahí está fresquito. Días después, cuando las pone a la olla es como si ahora las hubiera picado. No tiene nada de cambio ni mal gusto”. Además de su función como deshidratador, la Cocina Solar sirve como Caja Térmica, manteniendo el calor y cocinando los alimentos que hayan pasado unos cinco minutos por el fuego previamente.

“No nos alcanza una cocina para los que de verdad la usamos. A veces tengo que poner a secar hojas de palma para hacer mis artesanías, pero no hay espacio porque también tengo que ocuparlo para el almuerzo”, dijo doña Roxana. No es la única que usa la cocina para trabajar. En otras comunidades, la utilizan para hacer chocolate, hasta para preparar medicinas.

“Haciendo trabajar a la Cocina Solar”

“A mi Cocina Solar la utilizo para todo. Yo hago galletas, tortas, hasta el chocolate, que es mi especialidad de mí. Lo uso al horno, lo hago trabajar duro”, dijo doña Lucinda Ecuebari Mamio, de la comunidad Tacana de Bella Altura, distante a media hora de la población de San Buenaventura.

La señora explicó el procedimiento para hacer chocolate, desde que sacan los frutos del cacao, ponen las semillas ocho días al sol, luego las pasan por un horno tostador. Le quitan la cáscara a las semillas y las muelen. “Entonces ponemos la masa en la Cocina Solar por unos 80 minutos, hasta que esté bien derretida. Así se van a morir todos los microbios que puedan estar. Lo sacamos y lo vaciamos en el molde. Al día siguiente lo sacamos, lo cortamos de la misma medida y lo hacemos empaquetar”, dijo.

“Para nosotros, la Cocina Solar es una gran ayuda que tenemos ahora. Quisiera tener un horno más grande, porque si hago una arroba de chocolate tengo que meterla en tres veces, así me toma más tiempo. Pero si el horno fuera más grande, puedo meter una arroba en una sacada. Ahora tengo que hacer tres sacadas para una arroba. Así estoy haciendo trabajar a la Cocina Solar”, comentó doña Lucinda.

“A las mujeres nos favorece harto esta cocina. Tenemos tiempo para hacer otra cosa, como arreglar la casa. Más antes no teníamos ese tiempo. Llegábamos del chaco a las 11 y ya había que estar alistando para hacer el almuerzo. Ahora ponemos en la Cocina Solar antes de irnos y hasta las 12 ya sacamos y comemos”, dijo.

“Es más: ahora podemos ir a las reuniones. Cuando viene mi marido del trabajo, ya está cocida la comida y se sirve. Yo puedo seguir en la reunión. Nos permite participar más que antes”, destacó doña Lucinda.

Uso medicinal de la Cocina Solar

La señora Rocío Cuéllar Jiménez es de la comunidad Nueva Betania, en el municipio de San Andrés, en Beni. Contó que “en mi Cocina Solar, le doy uso medicinal a la planta de moringa. Corto hojitas y las pongo a la cocina para deshidratar, luego las embolso y así me duran más para remedio. Con eso hago tecito todos los días. La utilizo para los riñones, porque tiene harta vitamina también la moringa. Igual ahorita en la cocina está secando cuatrocantos, cuya hoja más dura es. Sirve para la vesícula, para el hígado, para quienes tienen hepatitis. Para el dolor de bajo vientre, para todo sirve. El noni igual, se lo pone a deshidratar, se estruja y se lo licúa con agua hervida. Cura toda clase de enfermedades, hasta para el tratamiento del cáncer sirve, según he escuchado. Para infecciones también”.

Si bien el proyecto de Cocinas Solares está dirigido a las familias, son las mujeres quienes se sienten más beneficiadas. Por su facilidad para manipularla, permite mayor participación del resto de la familia en las tareas de preparación de alimentos. Son ellas, también, quienes más experimentan para encontrarle nuevas funciones o ventajas a la utilización del aparato, cuya tecnología es aportada por la Asociación Inti Illimani.

Doña Natividad Matareco es de la comunidad Bermeo, del pueblo Mojeño, también en Beni. Ella relató que hizo la prueba de meter arcilla en su Cocina Solar. Y asegura que sirve para el horneado de pequeñas tinajas. Lo que sí, aclaró que el barro de la zona no es el más apto para la producción de estos utensilios. Ella integra una de las primeras cuatro familias con las cuales se inició este proyecto, allá por 2015. “Creo que deberíamos aprender a hacer cocinas aquí en la zona, para reducir los costos de construcción y poder llevarlas a más familias de la Amazonía”, dijo doña Nati.

“Cocinando al sol no voy a gastar nada. Es nomás tempranear, preparar el alimento y meter para que esté listo a las 12. Me da tiempo para hacer otro trabajo: puedo lavar, puedo ir a mi chaco, puedo participar en las reuniones. Preparamos todo y nos vamos sin pena a las reuniones, donde podemos opinar, decidiendo, proponiendo también. Como madres, tenemos que enseñar a nuestros hijos para que sepan manejar la cocina también. No hay peligro de contaminación al medio ambiente, ni a la salud. No es peligrosa, es económica, es fácil de manejarla. Es valentía nomás para meterle el alimento. No hay que tener flojera de manejar la cocina, porque todo lo que uno pone lo cuece, estando bien enfilada al sol”.

También de Bermeo es doña Arminda Nalema, cuyos ricos platos para la Cocina Solar aparecieron en los recetarios elaborados y distribuidos por las organizaciones impulsoras del proyecto. Para ella, la clave es insistir hasta que la comida le salga como ella desea. “En mi casa tengo mi cocina, la utilizo para hacer el alimento de mi familia. Al principio tuve dificultad porque no sabía manejarla. Quise hacer masaco de plátano sancochado en la Caja Térmica, pero parece que le faltaba agua caliente, porque al día siguiente seguía crudo. Pero ya volví a hacer y me salió bien. Así hago somó, chicha también. Las tortas salen bien, aunque la primera vez que hice torta igual me salió cruda, no sabía cómo era. Pero seguí insistiendo hasta que me salió bien. La comida igual: la primera vez me salió mal, la segunda fue mejorado hasta que le pillé cómo es y me salió bien”, aseguró.

“No nos quiten nuestro monte”

Este proyecto de Cocinas Solares es implementado en siete municipios y 20 comunidades de la Amazonía seriamente afectadas por el Cambio Climático, por las inundaciones y por largos periodos de sequía. La permanente degradación del medio ambiente colabora para que esta situación se agrave año tras año. Así lo relató doña Roxana Áñez: “En Altamarani, la mayor parte de la población se dedica a la pesca. Otra parte se dedica a la agricultura, a hacer artesanías. Ahora estamos sufriendo por el ingenio azucarero de San Buenaventura, que está deforestando cerca de nuestra comunidad. No sabemos adónde acudir para que no nos quiten nuestro monte”.

“Ya no vemos los animales en el monte como antes, que cazaban nuestros esposos. Con eso comíamos, también vendíamos la carne y nos servía para hacer estudiar a nuestros hijos. Porque allá no se conoce mercado donde comprar un kilo de carne, o de pollo. Ahora criamos pollo, chancho, porque en el monte cuesta conseguir un animal silvestre. Nosotros siempre hemos cuidado de nuestros peces, pero ahora entran otros sin control y se inventan cómo cazarlos a los peces. Me preocupa de aquí a unos años: ¿de qué vamos a vivir? ¿Qué vamos a comer? A veces no hallamos qué hacer, porque nadie hace caso a nadie, nadie nos escucha”, sostuvo.

Comparte este contenido: