A un año del proyecto: Cocinas solares para la Amazonía

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Luego de un año de implementado el proyecto piloto, se comprobó que las cocinas solares en la Amazonía boliviana tienen una función importante para las familias de comunidades indígenas. Durante una semana, instituciones de la sociedad civil visitaron a cuatro familias, a las cuales se había entregado cocinas solares para que probaran su viabilidad en el norte de La Paz y en Beni. Como resultado de la evaluación, se prevé que durante 2016 y 2017 se entreguen 150 cocinas solares a una cantidad equivalente de familias que viven en regiones selváticas del país, donde el acceso a leña es difícil y donde conseguir una garrafa con gas es mucho más costoso que en las ciudades.

Las cocinas solares puestas a prueba son fabricadas por la asociación civil Inti Illimani, con sede en la ciudad de La Paz. Con casi 20 años de trabajo en Bolivia, sus cocinas siempre fueron llevadas a comunidades del Altiplano, donde la radiación solar es mayor y permite con más facilidad a las cocinas alcanzar la temperatura necesaria para cocer los alimentos. Para saber si esta tecnología es factible para la Amazonía, se hacía indispensable conocer la relación de los componentes de las cocinas con el clima húmedo de montes y selvas. Además, si el cielo de esta región, a menudo atravesado por nubes, permitiría filtrar los rayos solares necesarios para almorzar en familia al mediodía.

En paralelo, otros factores igualmente importantes definirían la pertinencia o no del proyecto. El principal: ¿Las familias le darían uso a la cocina solar? Porque toda una vida de preparación de alimentos de cierta manera, con ciertos componentes para hacer el fuego, requeriría un cambio de costumbres muy pronunciado, por más que la tecnología de la cocina/horno solar fuera tan conveniente.

Estos y otros interrogantes pudieron evacuarse durante la semana de visita a las cuatro comunidades: Bella Altura y Capaina en el norte de La Paz, cercanas a la localidad beniana de Rurrenabaque; y Bermeo y Nueva Betania, relativamente próximas a la ciudad de Trinidad.

En cada comunidad, el equipo interinstitucional de evaluación fue recibido con expectativa y calidez por las familias. Y en todos los casos, recomendaron que las cocinas solares llegaran a otros pahuichis, porque verdaderamente registran una baja en el uso de leña y gas para hacer el fuego. De esta manera se cuida la economía de estos hogares, donde el dinero no es tan necesario al haber cultivos comunitarios, árboles frutales, cría de animales y cacería en los montes.

Aunque faltan estudios al respecto, quien visite algunas comunidades amazónicas notará que en las familias hay alta presencia de problemas de la vista -sobre todo en los más adultos- que evidentemente se vinculan al encendido cotidiano de fuegos con leña, lo cual genera harto humo que entra a las vías respiratorias y afecta a órganos delicados como los ojos, que deben estar en primera línea cuando se sopla al nacimiento del fuego.

Además, las familias evaluaron que desde que están las cocinas solares las mujeres tienen más tiempo para dedicar a lo que prefieran, porque ya no deben estar atadas tanto tiempo a que nada ni nadie se queme ni se rebalse.

Doña Natividad Matareco, de 37 años, es comunaria de Bermeo. Tiene tres hijos con su esposo, don Héctor Bejarano. “Aquí la comunidad es productora de grano. Ahora estamos en cosecha de arroz. Yo, como no tengo hijos pequeñitos voy y ayudo a mi esposo a cosechar. Nos vamos temprano, porque los soles son sumamente calientes”, comentó.

“Ahora estamos alzando el arroz. Hubo una plaga en el chaco y hubo que dormir en el chaco. O los pájaros acababan con el arroz. Tempraneábamos en los chacos por dos factores: temperaturas y plagas”, agregó doña Naty, como le dicen en su comunidad.

“Más antes me era difícil adaptarme a la cocina. Ahora a las 5 am me levanto a peinarme, lavarme los dientes, la cara, alistar los ingredientes, tener todo listo. Junto mi fuego porque primero se da un hervor a los alimentos. Empiezo a preparar, luego tengo que meter en la cocina solar. A las 6 am debe estar la cocina esperando adonde dé el sol cuando salga. Así trabajamos, muy temprano preparo alimentos, cosa que al mediodía esté cocido”, dijo doña Naty, que es del pueblo Mojeño. Bermeo es una de las comunidades del Territorio Indígena Mojeño Ignaciano (TIMI).

La comunaria describió cómo le cambió disponer de una cocina solar en su hogar. “Más antes a veces existía machismo. Una no podía asistir a reuniones. Tampoco podía organizarse una misma como mujer. La Organización de Mujeres se reúne los domingos de media tarde. Ahí se tratan puntos importantes, sobre lo comunal u organizativo. Ahora tengo tiempo para participar, pero antes me decía: ‘No voy a poder, tengo que lavar, cocinar. Si el marido llega tarde y no pilla la comida, si estoy en reunión él se va a enojar’. Entonces, una pendiente para en su cocina. Para mí ha sido un cambio. Ahora puedo estar en reunión todo el día, debatiendo puntos importantes de la comunidad. Como mujeres tenemos que decidir por nosotras solas que tenemos derecho a participar, a organizarnos, a dedicarnos a nosotras mismas, pues”, dijo.

Doña Naty indicó qué platos saben preparar en el horno solar: “Aquí tenemos oveja, si queremos preparar carneamos. Metemos también chancho, tatú del monte, taitetú, tropero, guaso, todos los bichos que hay en el monte. También sale bien el pescado”.

La evaluación

En las dos comunidades próximas a Rurrenabaque, a lo largo de este año se hizo necesario cambiar algunos tornillos que se habían oxidado por la intensa humedad que se siente en la zona. En Bermeo y Nueva Betania, más cercanas a Trinidad, ninguna pieza sufrió un desgaste significativo. Y como son bastante pesadas, en las cuatro comunidades se agregó a las cocinas solares rueditas en sus patas, para que una sola persona pudiera desplazarlas y direccionarlas de cara al sol.

En cada una de las comunidades, las organizaciones de la sociedad civil que impulsan este proyecto se entrevistaron con las familias para conocer sus experiencias. Además, revisaron las fichas técnicas que habían dejado en cada hogar. Son planillas en las que cada familia debía anotar qué cocinó en el horno solar, cómo salió, cómo estaba el día, si nublado o despejado o lluvioso.

Cuando el día está nublado o lluvioso, la cocina tiene una función de caja térmica. Es decir que si se pone las ollas luego del primer hervor envueltas en una manta y se cierra con su tapa la cocina solar, al cabo de algunas horas el alimento terminará de cocinarse.

Se calcula que las familias usaron las cocinas solares tres o cuatro días a la semana. Esto implicó una reducción notable en el consumo de leña, que en ocasiones es difícil de conseguir porque en todas las casas de la comunidad hacen el mismo trajín para traer maderas del monte. “Ya no traigo tanta leña como antes. Siempre tenía que traer un atado de leña para el mediodía y otro atado para la tarde”, comentó don Héctor, esposo de doña Naty.

En algunos casos se dificultó la anotación, porque a veces a los adultos les cuesta escribir. O porque la persona encargada de las planillas (una hija) se tuvo que ir a la ciudad a trabajar y estudiar.

Que no haya más frecuencia en el uso de la cocina solar no quiere decir que se prefiera usar la cocina a gas o leña. Simplemente, a veces nada hay para meter, ni al fuego ni al sol. “Cuando hay algo para preparar la usamos más seguido”, comentó Daniela, una de las beneficiarias de este proyecto.

La cocina solar también sirve como deshidratador de frutas si se le deja un resquicio abierto para que salga el vapor. Doña Natividad experimentó el aparato en esta función. Deshidrató plátanos y también maíz, con el que hizo chicha.

En una próxima etapa, las impulsoras del proyecto prevén dar un taller sobre aspectos de la cocina solar que aún no han sido debidamente explorados. Por ejemplo la función de deshidratador, cómo hacer queques y también mermeladas, porque en estas partes del país generalmente hay tanta cantidad de frutas que no pueden aprovecharse.

Doña Esther

Doña Esther Guarayuco Teco tiene cuatro hijos y vive en Nueva Betania, a 90 kilómetros de Trinidad, junto a la carretera que va a Santa Cruz. En su casa tiene la venta de la comunidad, además que recibe como pensionados a quienes trabajan en la posta sanitaria y en la escuela. Llegaron a estas tierras que pertenecieron al padre de su marido en 2008, luego de aquella gran inundación que afectó a las poblaciones alrededor de la capital beniana. “Empezar de nuevo es difícil pero no imposible cuando uno tiene ganas. La palabra del Señor dice: ‘El que siembra, cosecha’. Sembramos plantines de chocolate, árboles frutales, limón, naranja, toronja, maracuyá, plantas de plátano. También teníamos un proyecto de gallinas ponedoras. Así que si no entran recursos de un lado, entran del otro”, comentó Esther.

“A la mañana se ve el menú que se va a hacer con la cocina solar. Si el día es nublado se hace en caja térmica. Si el día es soleado se puede hacer sopa, hasta que salga su carne del hueso. Ahí metemos panza, charque y los huesos para la sopa, con choquezuela y todo eso. Antes era más complicado. Había que hacer el fuego temprano, poner el hueso temprano, la panza temprano hasta la hora de preparar. Había que ver que no falte la leña, seguir viendo que no se rebalse la olla y apague el fuego. Ahora se hierve 15 minutos, después se traslada adentro de la cocina solar y ahí queda. No es necesario ir atizando, poner más leña, ni gastar el gas”, dijo Esther.

Ella también usó el horno para hacer “queques y panes. Salen bien, excelente, si una lo prepara como se debe. También pasteurizamos la leche. Aprendimos porque una señora de Inti Illimani vino y nos dio pautas. Nosotros experimentamos como nos han dicho. El somó fue lo primero que hicimos, porque siempre bastante leña se necesita para hacerlo. Ahora, con hervir el maíz media hora y llevarlo hirviendo y tapado, ya sea con sol o caja térmica igual sale. Como deshidratador, lo uso para hacer el charque. Es más seguro, porque si no el gato, la gallina o el perro pueden sacar el charque y llevárselo”, explicó.

“En el tiempo libre que me queda ahora me dedico a limpiar mi casa, a costurar en mi máquina. También tengo la venta: hago una cosa y estoy vendiendo. Me llaman: ‘Señora, una cosa’ y sigo en lo que estoy haciendo. Ya no estoy calentándome en la cocina y enfriándome abriendo el freezer. Ahora uso el tiempo en atender bien al cliente”, aseguró.

Su marido, don Héctor, destaca de la cocina solar “la seguridad, porque no hay peligro de que se explote la garrafa o se incendie la casa. Esta cocina está diseñada para eso. Mejora la calidad de la salud. Yo tengo 47 años y he estado cocinando con leña toda una vida, absorbiendo ese hollín, tanto humo que absorbemos. Además que la leña se acaba, como todo recurso natural se acaba. ¡Y cuando llueve es más difícil conseguir la leña en las comunidades! Ahora la cocina solar nos ahorra de un 25 hasta un 50 por ciento de combustible. Aquí una garrafa Bs. 40 cuesta. Son Bs. 80 al mes que nos ahorramos”, calculó él.

La asociación Inti Illimani está cotizando precios de los materiales para hacer cada cocina solar en la Amazonía misma, para reducir los costos de envío y para impulsar la construcción de cocinas en esta región. Se necesita madera de cedro, vidrios, aluminio y lana de oveja, fundamentalmente. En total, costaría Bs. 1900.

Además de Inti Illimani, el proyecto es llevado adelante por Christian Aid, Soluciones Prácticas, el Centro de Investigación y Promoción del Campesinado (CIPCA) y la Plataforma Boliviana Frente al Cambio Climático.

“Esta evaluación nos anima a fortalecer y apoyar con esta tecnología a las comunidades indígenas y campesinas con las que trabajamos en la Amazonía sur. Nos incentiva a compartir esta tecnología con actores decisores estatales, del gobierno municipal, autoridades. Porque a raíz del testimonio de las mujeres, vemos que para ellas es de mucha utilidad, les da calidad de vida. Las mujeres en las comunidades trabajan el doble porque deben ver las tareas reproductivas de la casa, atender a los hijos, preparar los alimentos”, dijo Fátima Zelada Callaú, directora de CIPCA Beni.

“Nuestro objetivo es contribuir a la equidad de género. Si bien las mujeres son discriminadas por un sistema patriarcal, en el mundo indígena campesino son doblemente discriminadas, por ser mujer y por ser indígena campesina. Con la cocina solar se apoya a mejorar la calidad de vida de mujeres, de familias. Se contribuye al medio ambiente con la menor emisión de Gases de Efecto Invernadero. Además así comemos más saludable, menos contaminado, ahorramos tiempo, dinero. Los testimonios de las familias nos muestran que esto es posible para la Amazonía. Va a cambiar la vida de las familias en las comunidades”, aseguró.

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