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“La Madre Tierra puede vivir sin la humanidad,
pero nosotros no podemos vivir sin ella”

Ante los graves impactos de la Crisis Climática, una Ley Nacional de respuesta es imprescindible

Ante los graves impactos de la Crisis Climática, una Ley Nacional de respuesta es imprescindible

Por. Marcos Nordgren*

El 60% de la población boliviana que vive en la región andina se ha visto gravemente afectada en los últimos años a causa de un retroceso de los glaciares en las cordilleras y el desabastecimiento recurrente de agua en los sistemas productivos y hasta en los mismos hogares en la ciudad y el campo. Esta tendencia junto a periodos de lluvia más intensos y concentrados continuarán empeorando indefinidamente los episodios de inundaciones y sequías según las proyecciones más recientes.

El desabastecimiento de agua acontecido en la región, a finales de 2016 en especial, representó apenas una prueba de lo que ocurrirá los siguientes años tan pronto la lluvia disminuya por debajo de los valores normales y las temperaturas ya elevadas, incrementen la pérdida de agua por evaporación en reservorios, lagunas y humedales. A esto se suman, los cambios de hábitos y la demanda cada vez más grande de agua potable por parte de las poblaciones.

Sabemos que gran parte de las masas de hielo ubicadas en las cordilleras bolivianas se han reducido en más de 60% y que en las siguientes décadas se proyecta que desaparezcan prácticamente en su totalidad[1] si no logramos revertir la tendencia de calentamiento de las temperaturas globales, algo que aún parece terriblemente improbable todavía.

Los impactos en la economía del altiplano y valles serán sin duda dramáticos sobre los rubros de la agricultura, la lechería y ganadería en general si no se toman medidas urgentes, y como el 2016 lo dejó claro, ya estamos tarde y necesitamos acelerar la acción más allá de los respectivos conflictos políticos nacionales.

Para entender la gravedad del escenario que vivimos, debemos tener presente que las ciudades de La Paz y El Alto, dependen de hasta un 60% de los glaciares en años normales y en años secos en hasta un 85%[2] para abastecer su demanda de agua potable. Definitivamente, esto no puede ser descrito como otra cosa que el empeoramiento simultáneo de condiciones que nos llevan inevitablemente a un desastre de escala nacional, y el momento de actuar está pasando rápidamente.

En el caso de las tierras bajas y sus bosques, se configura un escenario diferente pero no menos dramático. Los periodos sin lluvia cada vez más largos y las temperaturas más altas, junto a tasas de deforestación que siguen subiendo, están provocando que los ecosistemas del bosque amazónico o el bosque seco chaqueño inicien un proceso de transformación sin precedentes.

Estudios realizados en Brasil[3] confirman un peligro del que no conocíamos hasta hace muy poco: el bosque amazónico solo tiene unos pocos años antes de cruzar umbrales de deforestación que significarán que el propio ecosistema no podrá producir la suficiente humedad para  vivir. En tanto, en una serie de mega incendios e inundaciones, terminaría por convertir a estos ricos ecosistemas, en una extensa llanura improductiva y sin condiciones para albergar sistemas agrícolas o ganaderos, ni asentamientos humanos significativos. Los incendios y mega incendios ocurridos al menos desde 2019, demuestran que esta posibilidad ya no es una simple teoría.

Lo que está en juego en este escenario no son “valores ambientales” intangibles, como la belleza escénica de un bosque o el atractivo paisajístico de un nevado. Ni si quiera se trata de la desaparición de decenas de miles de especies de animales, plantas u hongos con toda la riqueza material o intelectual que eso podría representar para la humanidad (o la identidad boliviana). Tampoco se trata únicamente de la pérdida del conocimiento y vidas humanas que albergan las comunidades indígenas que allí habitan por milenios.

En verdad, está en juego todo el cimiento de la economía y cultura nacional y, por lo tanto, el futuro de todos y todas. Pero no nos referimos a aquel futuro que ocurrirá dentro de 100 o 200 años, sino con mayor certeza a los próximos 10 o 20 años, cuando nosotrxs y nuestrxs hijxs aún caminemos esta tierra, porque el ritmo de transformación del clima mundial está acelerando rápidamente, así como también se reducen rápidamente nuestras posibilidades de parar este rumbo a un literal precipicio para el país y la propia humanidad. De hecho, existen significativas probabilidades de que crucemos los 1.5°C de calentamiento global hasta el 2030[4], algo que la propia comunidad científica ha advertido que debe ser evitado para detener el descarrilamiento del sistema climático global y el desastre humanitario generalizado que significaría.

Bolivia necesita una estrategia clara y realizable para resolver las profundas consecuencias de la desaparición de glaciares, la pérdida de los bosques de tierras bajas y todas sus implicaciones socioeconómicas. Esta se debe tratar con mayor urgencia, de la que los que los propios políticos y la mayor parte de la población quiere creer.  Nos enfrentamos no solo a un desafío para el país y el mundo, sino además a la incapacidad humana de ver el desastre rápidamente acercarse.

Desde las juventudes (que enfrentaremos esta realidad en pocos años), las poblaciones rurales expuestas, desde de las ciudades vulnerables, las naciones indígenas amenazadas por la combinación de extractivismo degradante y crisis socioambiental climática, las mujeres cargadas con el cuidado de nuestra sociedad, necesitamos reconocer el peligro que enfrentamos y empezar la construcción de una verdadera respuesta nacional a esta realidad.

Los parches ya ni siquiera alcanzan a cubrir las heridas ocasionadas por los más recientes desastres. Estamos viviendo además un momento en que la crisis económica causada por la pandemia y el agotamiento de recursos hidrocarburíferos merman los ingresos nacionales, generando desafíos adicionales que ya no pueden ser tratados aisladamente.

Si bien el problema es de naturaleza global, su complejidad geopolítica significa que tenemos que comenzar a desenredar el ovillo por donde nos sea posible y eso es en lo local y nacional, donde tenemos voz, voto y brazos para trabajar.

Desde la Plataforma Boliviana Frente al Cambio Climático consideramos que ya no podemos esperar más en estos importantes esfuerzos y tomamos junto a varios aliados en los pasados meses la iniciativa de arrancar con la construcción de una propuesta de Ley Marco de Crisis Climática. Su intención es iniciar cuanto antes un debate sincero sobre la crisis que tenemos en frente y conseguir finalmente tener un diálogo nacional que refleje los problemas centrales del país para determinar que estrategias asumir.

Sin embargo, nada de esto será posible sin la participación amplia de las diversas voces de la sociedad boliviana, razón por la cual la PBFCC, muy apartada de agendas partidarias y convocando a diferentes colectivos y sectores iniciará y apoyará múltiples espacios donde avanzar en la formulación de una estrategia nacional capaz de genuinamente ser una respuesta al mayor y más grave desafío de nuestro país y el mundo.

Insistimos que ya no es momento de alimentar las tensiones y agendas político-partidarias, necesitamos un frente unido contra el mayor desafío que enfrentará el país los siguientes años y para eso necesitaremos a todas y todos aquellos que entiendan la profundidad de la crisis climática y sus consecuencias humanas.

[1] Atlas de glaciares andinos, 2018

[2] Atlas de glaciares andinos, 2018

[3] https://www.efeverde.com/noticias/carlos-nobre-hay-senales-preocupantes-sabanizacion-amazonia/

[4] Reporte OMM, 2021 Estado del clima en 2021: los fenómenos extremos y sus principales repercusiones

*Marcos Nordgren es técnico de la PBFCC

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