Comunidades afectadas por hidroeléctricas: “Se vienen tiempos difíciles para nosotros”

Comunarias y comunarios afectados por el proyecto hidroeléctrico El Chepete-El Bala participaron en La Paz del Día Mundial de Acción en Defensa de los Ríos y contra las Represas. Su presencia en esta ciudad obedeció a la necesidad de difundir lo que se cocina en los territorios de la Amazonía y el Chaco boliviano con la construcción de estas megaobras que implican desalojar a cientos de familias y reubicarlas como si fueran simples muebles. Incansablemente, peregrinaron por cuanto programa de televisión se atrevió a mostrar el nivel de desprotección sufren las comunidades indígenas en sus territorios y en áreas protegidas. Apelan a que no cese el apoyo que brindan colectivos y organizaciones urbanas para sostener su lucha y su resistencia: “Esperamos que nos sigan ayudando”, expresaron.

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La Mancomunidad de Comunidades de los Ríos Beni, Tuichi y Quiquibey y la Coordinadora en Defensa de la Amazonía (CODA) enviaron a la ciudad de La Paz a 6 representantes para que participen del Día de Acción Contra las Represas, el 14 de marzo pasado. Soportaron la fría lluvia paceña y recorrieron varios programas de radio y televisión con un solo objetivo: procurar que la población sepa de esta gran destrucción que se trama en selvas, ríos y comunidades de las tierras bajas.

El Gobierno boliviano se alista para construir una serie de hidroeléctricas en tierras bajas, con la intención de convertir a Bolivia en “el corazón energético de Sudamérica”, según su versión. Para ello se endeudó con otros países como nunca antes y asegura que venderá su electricidad a un costo mayor que el promedio en el mercado mundial.

Desde hace un par de años, las comunidades reciben visitas de funcionarios del Estado que intentan convencer a las familias indígenas de los beneficios de abandonar sus territorios para mudarse quién sabe adónde, ni si podrán seguir sus vidas de acuerdo con su cosmovisión.

Lo mismo sucede en las regiones donde se pretende construir las hidroeléctricas de Rositas, El Bala y El Chepete. Para intentar generar conciencia en la población sobre los riesgos y perjuicios que implican estas iniciativas, organizaciones sociales de todo el mundo consensuaron declarar al 14 de Marzo como el día para denunciar -por cuanto medio haya a disposición- los daños que causan las hidroeléctricas al medioambiente, a las poblaciones y a sus economías.  


14 de Marzo en La Paz

En esta ciudad, las actividades se concentraron en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), donde tuvieron lugar debates, intercambios de información, proyección de videos y presentaciones de expertos en la temática, que abordaron el problema de las hidroeléctricas desde distintas disciplinas para ofrecer un panorama completo de esta tragedia del capitalismo moderno.


Alex Villca Limaco: “No podemos estar tranquilos en nuestras comunidades”

“Mi persona viene del pueblo Uchupiamonas, una nación que ha sido descubierta el 19 de marzo de 1616. Llevamos más de 400 años desde la llegada de los exploradores españoles a nuestro territorio. En 1888 hemos perdido nuestra lengua. Los últimos uchupiamonas que la hablaban fallecieron. Sus descendientes fueron obligados a hablar en Quechua, porque era el idioma que sabían hablar los misioneros jesuítas y franciscanos”, dijo Alex Villca, quien es secretario de Comunicación de la Mancomunidad.

“Somos guardianes históricos del territorio. Por ello, al escuchar a los gobernantes hablar de grandes obras en la región Amazónica que van a impactar en nuestro territorio, no podemos estar tranquilos en nuestras comunidades. Nos están advirtiendo que van a acabar con nuestra vida como pueblos indígenas, cuando Bolivia se reconoce como país plurinacional, integrado por 36 nacionalidades indígenas”, agregó.

“Uno de los problemas socioambientales más complejos que estamos enfrentando consiste en una nueva oleada de extractivismo agresivo y brutal, que no tiene sentido. Porque estos proyectos, como ya hemos escuchado de nuestros expertos, son una cuestión del siglo pasado. Muchos países están haciendo los mayores esfuerzos para reencausar ese error que han cometido, pensando que esa era una gran panacea, que iba a resolver la problemática de desarrollo, de prosperidad, de bienestar; cuando han demostrado ser totalmente lo contrario. No tenemos que ser grandes expertos para conocer esta realidad: miremos a los hermanos países de Paraguay, Brasil, Perú, Ecuador, Centroamérica; países que han llegado al etnocidio a partir de este tipo de proyectos. ¿Cómo es posible que un gobierno que se reconoce indígena y el gran defensor de la Madre Tierra nos viene a plantear proyectos totalmente contradictorios a nuestra realidad?”, se preguntó Villca.

“Aquí no tiene que jugarse una línea política. Aquí estamos hablando del futuro de los bolivianos. Estamos hablando del futuro del planeta, de nuestra existencia como seres humanos”, sostuvo.

“Los pueblos indígenas de tierras bajas, de los valles, del Chaco, la Amazonía y de las tierras altas estamos siendo permanentemente atropellados y vulnerados en nuestros derechos. Queremos compartir la experiencia que tenemos resistiendo ante estas problemáticas que se nos plantean en la actualidad. Los pueblos indígenas de todo el mundo hemos tenido que sufrir y sobreponernos a un sinfín de obstáculos, de dificultades, pero todavía estamos acá para poder seguir hablando, contando y compartiendo nuestra experiencia”, relató.

Villca contó que a finales de los ’90, se unieron 17 comunidades indígenas amazónicas para defender sus territorios y para cuidarse mutuamente ante la ausencia del Estado, que no garantizaba el cumplimiento de sus derechos. Organizadas como Mancomunidad de Comunidades, enfrentaron a Organizaciones No Gubernamentales (ONG) que intentaron desarrollar proyectos de ecoturismo sin el consentimiento y sin haber consultado previamente a los pueblos indígenas.


Valentín Luna: “Si ese árbol está ahí, que siga ahí”

“Para mí es un grato honor estar acá. Quiero agradecer a todos ustedes por la participación. No soy muy bueno para hablar, pero sé imitar animales, conozco el movimiento de la fauna y la flora, quizás sé traducir algún canto de aves. Por eso pido mil disculpas por la manera en que me voy a expresar: la verdad, es lamentable lo que se está queriendo hacer la represa Chepete-Bala. Y no solamente Chepete-Bala, porque más allá tenemos a nuestros hermanos de Rositas, también con la misma represa; en Tariquía con el tema petrolero, a muchos hermanos les afectan las mineras, y eso un poco nos preocupa”, comentó don Valentín, quien es presidente de la Mancomunidad.

“Como indígenas nos adaptamos a otro tipo de desarrollo, con planes de manejo y aprovechamiento forestal, algunas comunidades con el turismo. De repente, llegan a hacer un estudio para construir la represa. Ahí nos damos cuenta de que vamos a estar debajo del agua, nos van a desplazar. Dicen que nos van a dar terrenos en otro lado, pero sabemos que en el país toda la tierra está con dueño. Y nosotros no queremos ser invasores. Si nuestros ancestros han dejado el territorio de generación en generación, y nosotros hemos cuidado esos ambientes”, dijo la autoridad.

“Hoy por hoy, quiero pedirles el apoyo de ustedes y que cada uno de ustedes lleve este mensaje, que de verdad estamos preocupados. No queremos movernos del lugar. Queremos que si está ese árbol, que esté ahí. Si tenemos que utilizar, lo utilicemos de una manera adecuada. Estamos preocupados y cuento con el apoyo de ustedes. Nosotros no estamos con apoyo de algunas ONG, como dice el Gobierno. Estamos gracias a algunas plataformas, gracias a colectivos, gracias a CODA, que está en Rurrenabaque, gracias a algunas personas que nos han apoyado. Y también ponemos de nuestra parte, nuestro granito de arena para ver que esa Amazonía sigue ahí”, concluyó.


Domingo Ocampo: “Que no nos vengan a engañar”

En diciembre de 2016, las comunidades de la zona bloquearon durante 12 días el río en el estrecho de El Bala para no permitir que la empresa Servicons realice estudios con vistas a instalar las represas. Tan firme fue la lucha indígena, que persuadieron a esta empresa, contratada por Geodata, de retirarse con sus equipos y su personal mientras no haya la Consulta correspondiente de parte del Gobierno a quienes viven allí. Pero luego de esta victoria, algunas autoridades gubernamentales comenzaron a operar políticamente en las comunidades. Así lo contó don Domingo, secretario de Actas de la Mancomunidad.

“El año pasado, el Gobierno hizo su ingreso a las comunidades para tratar de desestabilizar nuestro movimiento, pero adonde ellos iban nosotros también íbamos. Aunque el Gobierno tuvo mejores resultados, porque tiene más plata. Nosotros nos movemos en pequecitos, con lo que podemos. Lo que hace el Gobierno es increíblemente una megamentira, porque va con sus cocacolas, con muchos pollos que hacen cocinar a la gente, inclusive les pagan. Y les dicen: ‘Vengan acá, firmen esta lista de cuántos están, porque les estamos invitando nosotros’. Pero ese documento que han firmado por esa comida dicen que es el documento de Consulta a estos pueblos”, explicó don Domingo.

“El Gobierno dice que hay algunos beneficios para la gente, como trabajo, también dice el Gobierno que van a traer desarrollo, progreso. Dice que van a poner carretera, hospitales, escuelas… ¿De qué sirve eso si van a inundar? Ahí quieren poner escuelas, hospitales, pero esa gente se va a tener que trasladar. Se habla de ‘desplazamiento de gente’ en el proyecto. Entonces, que no nos vengan a engañar. Ya nos damos cuenta de qué están hablando”, opinó.

“Nuestra preocupación viene por otras cosas que se van a presentar en este 2018. Está programado tener el proyecto a diseño final en abril. Se vienen tiempos difíciles, especialmente para nosotros”, dijo don Domingo.


Rosario Barradas Cuqui: “Deberíamos preocuparnos todos los bolivianos”

Según datos de la Fundación Solón, el costo de producción por megavatio sería de 55 centavos de dólar en el caso de El Chepete y de 81 centavos de dólar en El Bala. Pero Brasil, el país al cual se pretende vender la energía, adquiere el megavatio por 52 centavos de dólar, lo cual vuelve a todo el negocio económicamente inviable.

“La hidroeléctrica de El Chepete-El Bala costaría más de 8.000.000.000 de dólares. Sólo el estudio de prefactibilidad, a diseño final, cuesta 11.800.000 dólares. Sin contar todavía el costo del tendido de transmisión para la venta a Brasil. Esa cantidad de dinero debiera invertirse en las regiones turísticas, o destinarlo a desarrollo productivo, como ser la producción de cacao de los tacanas, o el manejo de lagarto. Hay varias alternativas”, expresó doña Rosario.

“Estamos preocupados por nuestras fuentes de vida, que son los territorios. Pero deberíamos preocuparnos todos los bolivianos, porque si se devastan más de 100.000 hectáreas de bosque ¿va a llover igual? ¿Va a hacer oxígeno lo mismo? ¿Va a haber agua dulce lo mismo? Deberíamos esforzarnos para que esa información se difunda. El Gobierno dice que es un secreto de estado. ¿Cómo va a ser secreto de estado esta información, que nos va a perjudicar en nuestras vidas? Tenemos que ser responsables con nuestras generaciones futuras. ¿Qué les vamos a dejar? Estamos realmente preocupados. Contamos con ustedes para seguir articulándonos, haciendo alianzas para lograr mayor difusión, también visibilizando qué tipo de desarrollo queremos para nuestro país. Tenemos que preguntarnos si vale la pena devastar todo lo que se va a devastar con esta mega represa para vender electricidad al país vecino”, sostuvo.

Jenny Chao: “Espero que nos sigan ayudando”

Doña Jenny es comunaria de Villa Alcira, del pueblo Tacana. “Nuestra preocupación es muchísima. Si se va a asentar esa represa ¿de qué vamos a vivir? ¿De qué vamos a mantener a nuestros hijos? Lo que nuestros ancestros nos han dejado es para que lo cuidemos también nosotros ahora. La verdad, esta es la primera vez que estoy viniendo acá para dar entrevistas. Muchas gracias a todos, espero que nos sigan ayudando”, dijo en el auditorio de la Facultad de Ciencias Sociales.

El encuentro en la UMSA contó con exposiciones de la arqueóloga Patricia Álvarez, de la abogada Paola Cortés, el investigador del Instituto de Hidrología e Hidráulica de la UMSA Jorge Molina, y de los también investigadores Cecilia Requena y Pablo Villegas, entre otros.

(Plataforma Boliviana Frente al Cambio Climático. Foto: Salvaginas)

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