El trabajo de hormiga de la OINCO por casa y alimento

La Organización de Inquilinos de Cochabamba (OINCO) cumplió 9 años con muchos sueños aún a medio cumplir y con la determinación de que, más tarde o más temprano, van a acceder a su sueño mayor: meter las llaves en la casa propia, en un condominio agroecológico, con huertos urbanos y reciclaje permanente de aguas y residuos.

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Cuando la aspiración de OINCO se cumpla, Cochabamba será una de las primeras ciudades de América latina en incorporar un barrio ambientalmente sustentable, en armonía con la naturaleza y que, además, utiliza su infraestructura para dar a sus residentes alimentos cultivados orgánicamente. Las y los integrantes de esta organización ya son expertos en el cultivo de alimentos en la ciudad, gracias a su participación en la Escuela Agroecológica que los inquilinos poseen en un predio de la ex Corporación de Desarrollo de Cochabamba (Cordeco), frente a la plaza San Sebastián.

Actualmente, la OINCO está integrada por cien familias que no tienen casa propia, por lo cual están obligadas a alquilar. Como nadie, saben que el alquiler es un suicidio mensual para el bolsillo; es plata botada que, si pudieran ahorrarla, serviría para acceder a ese sueño tan simple pero tan lejano para gran parte de la población boliviana: ser dueño de un pequeño pedazo de tierra y cemento: su casa. A lo apretujado de los recursos económicos propios, se suman los tratos humillantes que eventualmente sufren de parte del propietario o propietaria del espacio alquilado, según comentaron algunas señoras ya abuelas.

Las y los inquilinos admiran especialmente el surgimiento del mínimo brote en su predio prestado por la Gobernación, junto a la terminal de buses de Cochabamba. Son brotes que, con empeño y cuidado colectivo, hacen crecer hasta que se convierte en un formidable carote o en un imponente zapallo. Estos calificativos para las verduras no son exagerados, porque realmente tienen tamaños asombrosos estos alimentos cultivados junto al humo y los bocinazos que emiten las flotas al llegar o al salir, en una de las zonas más transitadas de la ciudad.

En OINCO no todos tienen problemas financieros desde que se levantan hasta que se duermen. Pero una acuciante mayoría exige una vivienda digna y propia, sencillamente porque es un derecho de todas las personas tener su casa propia.

Esta organización avanza en su proyecto de Vivienda Social Agroecológica, que tiene el apoyo de la Gobernación, aunque dentro de la organización de inquilinos no todos disponen de los papeles que exige el banco para otorgarles el crédito necesario.


El mejor alimento

Graciela Santillán viuda de Chungara es una de las integrantes de OINCO. Está desde la conformación de este espacio al lado de la terminal de buses. “La producción que aquí hacemos está bien para nuestro alimentación natural. Nuestra producción no es con químico ni estamos fumigando ni haciendo nada que dañe al medio ambiente. Todo lo que aquí tenemos es natural y es el mejor alimento para nosotros. Mire en estos postes cómo crece la lechuga tan linda”, dijo orgullosa la señora, que ya es abuela.

“Yo vivo en alquiler –cuenta doña Graciela-. Pago 800 Bolivianos; de Agua, Bs. 40; de Luz Bs. 120. Nuestro trabajo no alcanza ni para comer, a veces en ayunas estamos. A veces ganamos, a veces no ganamos. Tenemos poco dinerito para sustentar nuestra vida”, contó. Ella, como muchas de las señoras que integran OINCO, se dedica a trabajar en casas en labores de limpieza. “Voy a casas a lavar ropa. Por lo menos una persona nos llama cada tanto, así tenemos que trabajar por 30, 40 pesos. A veces ni un plato de comida nos dan. ‘Ya está, váyase’, nos dicen. A veces también salgo a recoger botellas y me vendo eso. A nuestra edad ya no conseguimos trabajo, ni la Alcaldía nos quiere dar trabajo. Por lo menos reciclo materiales y eso vendo. De eso me junto dinero”, dijo.

Arístides Rocha explicó que “el objetivo es tener vivienda y en ese espacio seguir sembrando producción. El único problema es el factor económico de muchos que integramos OINCO. Hace falta sacar un préstamo del banco para la compra del terreno y la construcción de las viviendas”.

Don Arístides comenta que la OINCO tiene comprado “en un 70 por ciento” un terreno en Villa Israel, en el kilómetro 4 y medio hacia Sacaba, para la construcción de las viviendas ecológicas que proyecta la organización de los inquilinos para sus afiliados. “Aquí todos vivimos en alquiler, en anticrético. Queremos ser dueños de un departamento”, expresó.


“Un poquito de interés hacia la gente pobre”

“Soy mujer sola, además tengo mis nietos a mi cargo. Mi hija y mi hijo trabajan ambos lejos, para ganar dinero se han ido a Chile. Así que me he quedado encargada de nueve nietos. Vengo a mediados de semana a la huerta de la OINCO. Llevo lo que me falta de verduras a la casa. Me ayuda harto: llevo verduritas, carotes, zapallos remolachas, todo lo que hacemos aquí”, afirmó Zenobia Cotjiri.

“No tengo mi casita ahorita. Estoy esperando a tener una vivienda digna para mis últimos años. Tanto sacrificio he tenido en mi vida y no me he rendido, voy a seguir luchando hasta tener un cuartito aunque sea propio. Quisiera que las autoridades y la población muestren un poquito de interés hacia la gente pobre que sufrimos pagando el alquiler. Los propietarios nos cuentan las veces que vamos al baño, a ducharnos, cada cuántos días, todo nos controlan. Si viene alguien a visitarnos, también dicen: ‘El baño me van a llenar’, y echan llave. Las cosas que hemos sabido soportar quienes alquilamos. Por eso pido a las autoridades que nos ayuden a salir a la luz, que tengamos una vida digna la gente pobre, porque somos humillados al no tener recursos”, dijo doña Zenobia, quien para pagar menos alquiler se fue a vivir a una zona alejada de la ciudad. “Pago Bs. 250 mensual,  de la luz otros 70, más el agua son casi Bs. 400. La vida está muy cara para la tercera edad”, reconoció.

“El crédito del banco es para la gente que puede demostrar cuánto gana al mes, la papeleta de pago de los servicios. Nosotros, los pobres, no tenemos papeleta de la Luz. Ni el dueño de la casa nos quiere prestar los papeles de la Luz para que presentemos como garantía. Tienen desconfianza de qué hagamos con eso. Pero aunque somos pobres no podemos hacer maldad a la gente, porque vivimos en su casa”, sostuvo Zenobia.


Hacia las Comunidades Urbanas Agroecológicas

“Desde que creamos la Escuela Popular Agroecológica de OINCO hemos ido a otros barrios a compartir nuestra experiencia. Les enseñamos a preparar el compost para la tierra, a hacer sembradíos, que en muchos casos ya están produciendo”, comentó don Arístides. Actualmente la OINCO trabaja con el barrio de Villa Esmeralda Norte, donde realiza tareas junto a los vecinos para embellecer el barrio.

Según el secretario de Agua de esta OTB, Antonio Canasa, “estamos comprometidos con don Aniceto para hacer forestación. El trabajo que realiza la OINCO nos incentiva a quienes vivimos aquí. Así podremos embellecer nuestros barrios”, dijo a las y los integrantes de la organización de inquilinos, que acudió a estas calles a colaborar con desmalezamiento y limpieza, para finalmente preparar una vagonada de compost.

“Queremos hacer comunidades en áreas urbanas que realmente tengan componentes ecológicos. El más primordial es la agricultura urbana. Otro es la elaboración de compost de todos los residuos urbanos, que usamos para producir sin químicos. Hacemos todo de forma orgánica. Es mentira que con lo químico las verduras crecen grandes… mire el tamaño de un carote de acá adentro, de una remolacha: hay que partirlas en cuatro para hacerlas cocer”, dijo Aniceto Hinojosa, presidente de la OINCO.

“La nuestra es una organización abierta, de análisis, reflexión y propuesta. Todo se hace bajo consenso. Se trabaja en la recuperación de valores ancestrales: en tiempos del imperio Inca, el rey ponía tierras y la gente trabajaba. El 50 por ciento era para quien trabajaba y el otro 50 por ciento era para la administración del rey. Como ahora no tenemos reyes, el terreno es de la Gobernación, pero el 50 por ciento de la producción la donamos a asilos, hogares de niños, así estamos capacitándonos en reciprocidad, en cooperación con los hermanos, hermanas, niños niñas. Más bien, nuestra organización quiere que todo el país y el mundo vea y se sume a la tarea de hacer huertos urbanos y generar alimentos”, dijo don Aniceto.

(Por Sebastián Ochoa, de la Plataforma Boliviana Frente al Cambio Climático)

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