Continúa la plaga de langostas

La plaga de langostas que desde enero destruye cultivos en Bolivia y Paraguay aún sigue vigente, gracias en gran medida a las lluvias intensas registradas en el país las últimas semanas. Esta plaga debe ser atacada en dos momentos a la vez: cuando la langosta es adulta y anda revoloteando por campos de cultivo; y cuando aún está en el huevo, bajo tierra. “Siéndole honesto a la población, queríamos anularles en etapa de huevos, pero no hemos podido. Hemos trabajado tres días con los soldados de las Fuerzas Armadas, estamos muy agradecidos con ellos por esa intervención. Sin embargo, por las lluvias, han desaparecido los huecos de los huevos y ya no se puede trabajar. Por tanto, nos han ganado”, dijo el ministro de Desarrollo Rural, César Cocarico, el sábado pasado en la ciudad de Santa Cruz. 

Integrantes de la Plataforma Boliviana Frente al Cambio Climático visitaron dos comunidades del pueblo Guaraní afectadas por esta invasión, que como contrapartida trajo fumigaciones que contaminaron ríos y otras fuentes de agua. Desde Probioma señalaron diferentes métodos para acabar con la plaga sin dañar la salud de personas y animales.

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Ahora, se debe evitar que estas langostas recién nacidas crezcan y se agrupen masivamente para atacar con más fuerza los campos de cultivo. Esto podría suceder para mediados de marzo. “Si en estos días eliminamos la posibilidad de conformación de mangas (agrupaciones masivas de langostas en etapa adulta) prácticamente habríamos controlado a la langosta”, evaluó la autoridad. Actualmente, la plaga persiste en los municipios de Cabezas, Charagua y Boyuibe, en el Chaco boliviano. Ya pudo ser controlada en los municipios de El Torno y Pailón.


Menos veneno, más control biológico

Miguel Crespo, director de Probioma, sigue desde un comienzo el devenir de esta plaga. Conoce los motivos y propone soluciones a este problema que afecta fuertemente a las comunidades guaraníes de la región chaqueña. Porque los grandes agroindustriales que también medran en la región solucionan estas debacles en su producción con nuevos créditos bancarios o gubernamentales.

“Las langostas siempre han existido en nuestro país. De acuerdo a datos que se tiene, están aquí desde hace muchas décadas. El brote se ha originado en el municipio de Cabezas, y esto se debe fundamentalmente a un modelo agrícola que se está implementando desde hace más de 30 años en el país. Es un modelo que ha demostrado su insostenibilidad, porque se basa sobre el monocultivo destinado a la exportación. No es sostenible porque se utiliza para la producción los agroquímicos y los agrotóxicos sin ningún tipo de restricción. Es un modelo que requiere la expansión permanente de la frontera agrícola, con un alto impacto en la deforestación. En los 10 últimos años, fueron deforestadas cinco millones de hectáreas, de las cuales el 80 por ciento están en Santa Cruz. El Chaco no ha estado al margen de esto, porque muchas de las empresas del agronegocio tienen también tierras en el Chaco. Combinan su producción en diferentes épocas del año, tanto en el Norte Integrado, como en la zona de expansión del Este y del Chaco. De esa manera tienen una producción permanente de soya, maíz, sorgo, girasol, caña, e inclusive tienen ganadería. Tienen cinco o seis rubros permanentes de producción en diferentes ecosistemas”, indicó Crespo.

“Todo esto ha tenido como base y fundamento la aparición de la langosta, porque este modelo ha eliminado o disminuido sensiblemente a los controladores naturales: aves, anfibios, microorganismos, como el caso de las avispas, hongos, patógenos, controladores naturales de plagas, bacterias de suelos, que de alguna manera son los que mantienen la armonía y el equilibrio ecológico, controlando desde los huevos de langosta en el suelo, hasta los estadíos de ninfas, que son las partes juveniles que tiene este insecto, y que son las etapas en que es más fácil de controlar a nivel biológico. Todo esto, añadido a los cambios climáticos, ha sido el detonador de este problema. Para mí es un desastre socioambiental que está ocurriendo, muy similar a lo que ha pasado con la crisis del agua. Ambos desastres tienen el mismo fundamento: la deforestación salvaje que se ha dado en el país, la ruptura en el ciclo de lluvias, la ruptura en el ciclo de control biológico. Ahí tenemos, desde mi punto de vista, las causas, que están corroborándose de acuerdo al testimonio de los actores presentes en el área”, agregó el director de Probioma.

Según Crespo, la cuestión de las langostas requiere una solución estructural, conocida por Probioma en sus 20 años de experiencia en innovación técnica para la biodiversidad. “A través del control biológico, con microorganismos, desde hace 18 años trabajamos con productores que venían y vienen a buscar productos para el control de la tucura, que es una langosta que no ha llegado a la fase de adulto. Además que vive y ataca de manera individual. Este proceso de transferencia tecnológica ha mostrado que la langosta se puede controlar con dos hongos patógenos, que constituyen controles naturales en los estadíos de huevo y de ninfa, como tarea de prevención. También recomendamos polisulfuro de calcio, que es un caldo mineral, admitido en la producción orgánica por los países de la Unión Europea, Japón y Estados Unidas. El polisulfuro de calcio puede golpear a la langosta, produciéndole impacto en el sistema nervioso, produciéndole estrés, inapetencia. Se pueden cubrir los cultivos con este caldo mineral, que además es fertilizante, y también evitaría que se acerque la langosta, porque contiene azufre. Esas son algunas de las propuestas que estamos lanzando para mitigar y frenar de alguna manera este impacto. Y que no cause problemas ni impactos socioambientales en la gente que esté aplicando estos productos, que no afecte a los alrededores, ni a las comunidades, ni a las aguas. De la misma manera se debería aplicar este caldo mineral en malezas y bosques circundantes a la propiedad, porque ahí se hospeda la langosta. Esta es una solución de emergencia. Porque el problema es estructural”, evidenció Crespo.

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Para el director del Probioma, una solución estructural requiere: “Frenar la deforestación y la expansión de la frontera agrícola. Esto hay que frenarlo en seco. Basta de producir monocultivos para la exportación, hay que empezar a mirar hacia adentro, a las tierras que existen en producción. Se debe consolidar un manejo socioambiental responsable, se deben instalar cortinas rompevientos, bosques de protección en el 15 por ciento del área. Además, se debe hacer rotación y asociación de cultivos. Incorporar, como plantea la Sociedad de Entomólogos, el control biológico, como fase que sustituya el uso de agroquímicos. Esto hace que se vaya fortaleciendo la biodiversidad, la macro y microfauna, que son controladores naturales de los insectos que se convierten en plaga porque desapareció su depredador”.

“Obviamente -continuó-, también se deben destinar las investigaciones hacia el incremento de la productividad. Está probado y demostrado que el uso de semillas transgénicas no ha incrementado en nada la productividad. Es más: se ha incrementado en un 400 por ciento el uso de agroquímicos. Se debe hacer una revolución en el ámbito de la agricultura en Bolivia, hacia una agricultura más ecológica realmente, que haga que nuestro país sea soberano en la producción de alimentos. Después, que mire hacia una exportación de alimentos cualitativamente diferente, pero no estamos en ese nivel. Debemos evitar llegar a lo que ha llegado Argentina, que convive con un programa de langostas porque ellos viven de la exportación de soya. Reciben 30 mil millones de dólares anualmente por la exportación de soya”.


“Estamos en peligro”

Crespo comentó que en las fumigaciones que actualmente se realizan en el Chaco se utilizan químicos como cipermetrina o citromil, “que están prohibidos en Europa por su alto nivel de toxicidad”. Por eso, en las comunidades del pueblo Guaraní aún no se sabe si es peor el remedio o la enfermedad. “Todo esto de canto a canto han fumigado. Hasta el límite adonde llegan nuestros terrenos han fumigado. Fumigaron cultivos y monte, porque el bicho viene y va al monte, donde duerme, y a la tarde viene. Con esa fumigada, esa noche misma se fueron. Todo el veneno ha caído encima. Pocas langostas han muerto, pero por el olor se han escapado esa noche misma. Eran hartas, pero de ahí se fueron, por el olor”, comentó Víctor Nicolás, comunario de Yatirenda, en el municipio de Cabezas.

La fumigación, además de afectar al agua, hizo mella en la salud de algunos comunarios, ya dañados por el Mal de Chagas, que campea en la región. “Pienso que a algunos hermanos sí han sido afectados por el veneno, sobre todo algunos que tienen enfermedades del corazón. Un compañero hasta se había desmayado y lo tuvimos que socorrer”, contó.

Nicolás comentó que se perdieron 120 hectáreas de cultivos por esta plaga, lo cual representa el 40 por ciento de la producción prevista. Por ello, para salvar el año necesitan apoyo con semillas de algún alimento de esta época de siembra. “Usted sabe que los guaraní a veces no tenemos recursos. Tenemos capacidad para sembrar hasta donde llegamos nomás. Algunos hermanos siembran 3 o 2 hectáreas. Algunos compañeros tienen recursos y llegan a sembrar hasta 20 hectáreas. Pero por lo afectados que fueron los cultivos, ahora estamos pidiendo a la autoridad semillas de poroto, porque es lo único que va a dar en este tiempo”, dijo.

En Buen Retiro Norte, otra comunidad Guaraní de esta zona, Andrés Baltazar y Clemente Vilca indicaron que “han venido a hacer análisis del agua de los ríos y se han comprometido a traer una cisterna de agua. El agua está contaminada, porque la fumigación cae al río. Cuando pasó el avión se notó que el ambiente se puso frío, el clima cambió. A las langostas que volaban les agarró el veneno y donde sea cayeron. Cuando llovió, el agua fue arrastrando a las langostas muertas hacia el río. Pensando de esa forma, el agua está contaminada. Por eso hemos solicitado en la Subalcaldía que nos hicieran análisis de agua. Queremos saber cuánto tiempo de duración tiene ese veneno. Algunos compañeros contaron que las aves están desmayando, pero aquí eso no he visto”.

Por medio de la Alcaldía, se entregó a los comunarios químicos para que ellos mismos continúen con la fumigación de sus sembradíos. “Calculamos que el 30 o 40 por ciento se ha perdido del maíz, que acá es bonito”.

“En un metro cuadrado ¿cuántos huevos pueden entrar? De ahí salen por miles. Aquí estamos en peligro. Por eso pedimos a todas las instituciones que nos ayuden a controlar esta plaga”, pidieron en esta comunidad Guaraní.

(Plataforma Boliviana Frente al Cambio Climático)

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