Como individuo y como colectivo frente al modelo extractivista

El Seminario Internacional “Lógicas de Desarrollo, Extractivismo y Cambio Climático” se realizó en la ciudad de Cochabamba con la participación de estudiantes, académicos, activistas, organizaciones indígenas, campesinas y de la sociedad civil. Luego de tres días de compartir experiencias y buscar alternativas al modelo de desarrollo imperante, se llegó a dos conclusiones, las dos igualmente importantes: solamente las organizaciones sociales y de la sociedad civil pueden salvar al mundo de esta irrefrenable crisis que afecta a toda la vida del planeta y también pone en riesgo la supervivencia de la humanidad, causante de esta debacle climática que se evidencia cada día en varios lugares de la Tierra. La segunda conclusión, sostiene que esto no será posible si en cada individuo no se produce un cambio de chip, de sistema operativo, de pensamiento, o como se le quiera llamar a esa revolución que debe darse dentro de cada cabeza.

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Marco Gandarillas, director del Centro de Estudios y Documentación Bolivia (CEDIB) moderó la mesa “Extractivismo y resistencias sociales en América del sur”. En ese panel, integrado por especialistas del tema de varios países del continente, arribaron a las siguientes conclusiones: “Constatamos que en cada país, la extracción de recursos naturales para la explotación se da con mucha intensidad, tiene grandes impactos sociales y ambientales. El extractivismo se ha tornado en la última década en el principal generador de conflictividad social, política y económica. Es un generador de conflictividad el extractivismo. Nos enfrenta en múltiples escalas, genera violencia. Claramente, genera un particular tipo de conflictividad, por lo tanto genera también un particular tipo de resistencia social”, comentó.

“En cada uno de los países, los estados han desplegado dispositivos para sortear estas resistencias. En Perú despliega hasta dispositivos de represión militarizado, como sucedió en Conga. En otros sitios, desde hace varios años las zonas están militarizadas por privados de la empresa. Ese tipo de reacción se ha generalizado en varias regiones del continente. En otros estados, generan dispositivos de contención de las resistencias o represión por otras vías. Me parecía importante remarcar que en el caso boliviano, una de las últimas leyes económicas aprobadas es la ley de Inversiones. En su texto, remarca que cualquier oposición a una inversión relacionada con el extractivismo tiene pena de cárcel. Así que del derecho civil pasamos al derecho penal”, explicó Gandarillas.

“La ley de Cooperativas, de la que ahora se habla, dice que quien atente contra cualquier servicio prestado por las cooperativas, por esto se entiende la extracción de recursos que realizan las cooperativas mineras, también será objeto de penas de cárcel, hasta ocho años”, agregó.

“Prácticamente ya hay extractivismo en todo el territorio. El término de ‘enclave’ sigue siendo válido, pero los proyectos extractivos ya no están anclados en una zona. La minería está en Occidente tan presente como en zonas no tradicionales, como la Amazónica, o Santa Cruz. Casi toda nuestra geografía se llena de actividades extractivistas, que colisionan con otras actividades, con los medios de vida de casi todos nosotros”, dijo el director del CEDIB.

“Las resistencias ante las actividades extractivistas tienen que ver con disputas por recursos escasos, bienes escasos, con el disfrute de un medio ambiente sano o en algunos casos por el uso de recursos, como cuando la minera que se queda con el agua de las comunidades, o que se utiliza para la agricultura. Remarco esto porque a lo largo del continente el extractivismo disputa el agua a todos”, agregó.

“Hay territorios de sacrificio del extractivismo. Son territorios donde viven y habitan pueblos originarios, pueblos indígenas, afros en otras partes, quilombolas en Brasil, campesinos. El extractivismo está sacrificando a los pueblos más vulnerables, que siguen siendo los pueblos indígenas. Hasta en países conformados como Estado Plurinacional, el Estado Plurinacional sigue avasallando el territorio de estas comunidades para hacer extractivismo, y está generando zonas de sacrificio”, indicó.

“Por supuesto que los principales impactos del extractivismo se dan a escala local, en territorios, sobre la vida de personas. Pero me parece a mí imposible olvidar que rebasan esa escala, se dan a escala nacional y afectan a derechos de pueblos, colectivos, territorios, pero también los derechos generales de todos”, dijo Gandarillas.

“Por eso me parece a mí que existe una nueva conflictividad en torno al extractivismo. Casi, casi, obliga a que los movimientos se den en el plano local, en resistencia contra el proyecto, la obra. Pero también este movimiento tiene que darse a escala nacional, como sucedió en el caso de la marcha por el TIPNIS. Es importante la articulación de ambos tipos de resistencia. Es tan importante generar hoy día información sobre los efectos de la represa de El Bala, esa represa gigantesca que quieren hacer en La Paz, para que sea tema de debate en la clase media, en espacios ecologistas, pero también en el los territorios, en la población, en las comunidades para que se organice la resistencia al proyecto”, aseguró el director del CEDIB.


El post extractivismo

Maristella Svampa, socióloga e investigadora de la Universidad Nacional de La Plata, en Argentina, reflexionó en la clausura de este Seminario Internacional: “Extractivismo y democracia están en una relación contraria. Efectivamente, la expansión del extractivismo se da bajo diferentes formatos, porque no todas las actividades tienen la misma lógica. Lo que muestra la experiencia latinoamericana, es que la multiplicidad de estos proyectos van en detrimento de derechos ambientales, territoriales colectivos. Y no solo eso: además de atentar contras esos derechos, atentan contra otros derechos básicos que tienen que ver con la libertad de expresión, la libertad de movilización, la libertad de asociación. Estamos en eso: un retroceso en términos de derechos, porque atacan derechos básicos en nombre del progreso o el desarrollo”.

“El contexto que se abre en América latina, más allá de las diferencias entre países, es un contexto de violencia extractivista. Esto se da por las represiones que se realiza a las movilizaciones contra la megaminería o contra los impactos de los agronegocios. Por ello, es bastante complicado plantear un escenario de colaboración con los gobiernos. Estamos en un escenario de mucha tensión. Esas violencias nos interpelan acerca de la validez y vigencia de los derechos fundamentales”, indicó Svampa.

Recomendó a quienes están especializados en estas temáticas preparar el terreno para el futuro. “Más que colaborar en asesorías técnicas, hay que hacer propuestas en la línea de los modelos post extractivistas. Hay que proponer lo que se podría hacer en vez de tres proyectos mega hidroeléctricos. En la misma línea de post extractivismo, tenemos que indagar como podría potenciarse lo que ya tenemos acá en términos de riqueza territorial, bienes comunes, energía eólica, fotovoltaica, una energía alternativa para construir modelos post extractivistas”.

En este sentido, Svampa sostuvo que Bolivia tiene ventajas. “Aquí se da esa sinergia entre movimientos sociales, academia y sociedad civil, eso es algo que falta en otros piases. Ustedes tienen la oportunidad de aprovecharlo”.


“La Madre Tierra nos da algunos derechos”

Gerardo Honty es investigador en energía y cambio climático del CLAES (Centro Latino Americano de Ecología Social), de Uruguay. “Voy a utilizar un ejemplo de mi país para señalar esta contradicción que existe en muchos de nuestros países, donde varios políticos hablan con desprecio del desarrollo pero, por otro lado, lo aman profundamente. El anterior presidente de Uruguay, José Mujica, hacia grandes discursos afuera del país, criticando el modo de vida de los países desarrollados, cuestionando el hiperconsumo. Sin embargo, en la política interna del país la aspiración más grande del presidente y del resto de los gobernantes era que todos los uruguayos tuviéramos niveles de vida de los países desarrollados, los mismos que critican. Algunos gobernantes, actores políticos, sociales, denuncian el hiperconsumo y el desarrollo de las sociedades industrializadas, pero a la vez queremos repetir esos modelos, tener ese PBI, ese nivel de consumo, de riqueza”.

“Un autor de teatro argentino tiene una obra llamada El Relojero, de la década del 30. Es Armando Discépolo, tío del famoso Enrique Santos Discépolo, que escribía tangos. En la obra, un personaje le dice a otro para explicar la realidad que estaba viviendo: ‘Si vos tenés dos pares de zapatos, es porque alguno anda descalzo’. Esa es una imagen muy sencilla. Lo que nos está demostrando este problema del Cambio Climático es esta sencilla realidad: si queremos vivir todos en este mundo, utilizando este ejemplo de los zapatos, cada uno debe tener un par de zapatos. Si querés dos pares, estate seguro de que alguien va a quedar descalzo”, dijo Honty.

“Cuando hablamos de desarrollo, hablamos de una cantidad de elementos que vienen asociados, en algunos casos académicamente, pero sobre todo en el imaginario social. Si a una persona le digo que estoy dispuesto a defender su derecho al desarrollo, esa persona va a pensar en el desarrollo de los países industrializados. Pero en los países desarrollados tienen muchos pares de zapatos. Entonces, la lógica de nuestra visión alternativa al desarrollo tiene que pasar, me parece, primero que nada por aceptar que tenemos que vivir con un par de zapatos cado uno y que nuestro derecho al desarrollo no pasa por vivir como viven en los países desarrollados. Eso es imposible, porque en los mismos países desarrollados reconocen que su modo de vida ha llevado a la hecatombe natural”, comentó el especialista del CLAES.

Honty compartió una segunda reflexión, ayer en el auditorio del Centro de Estudios Superiores Universitarios (CESU) de la Universidad Mayor de San Simón. “Sobre los derechos de la Madre Tierra, me gusta pensar al revés: que en realidad es la Madre Tierra la que nos da algunos derechos. Por ejemplo, los pumas siempre van a comer venados, los venados siempre van a comer hierbas. A ningún puma se le ocurre cazar un venado hoy y por las dudas cazar otro y guardarlo, por si mañana no encuentra un venado. Esa no es la lógica de los pumas. Nosotros, los seres humanos nos distinguimos por muchas cosas, pero hemos perdido esta brújula. Creemos que tenemos derechos a apropiarnos más allá de lo que la madre nos da gentil y generosamente. Un pensamiento alternativo debe partir de esta base: la Madre Tierra nos da algunos derechos y no podemos pasar por encima de esos derechos. No porque nos va a castigar, ya que es una madre muy generosa y perdona todo lo que hacemos. Pero nuestra locura no nos va a dejar vivir a nosotros mismos”.


Cierre

La clausura del Seminario Internacional estuvo a cargo de María Teresa Hosse, secretaria técnica de la Plataforma Boliviana Frente al Cambio Climático. “Pudimos debatir estos tres días con la participación de la Academia, investigadores, de organizaciones sociales. Esto es parte de un proceso. Ahora, todo lo que hemos recogido en estos días debemos devolverlo a las comunidades para discutir alternativas frente al modelo de desarrollo, para saber qué debemos hacer como sociedad civil. Sabemos que las organizaciones sociales nacionales están divididas, debilitadas, pero hay muchas semillitas donde se generan resistencias al modelo extractivista. Eso debemos hacer crecer, aportar en este proceso. Tenemos que continuar, tener una utopía y construirla, desde hombres y mujeres”, sostuvo.

El director del CESU, Manuel de la Fuente, comentó que se realizará una publicación que recoja lo discutido y dilucidado en estos tres días de Seminario Internacional, el cual transcurrió en la Facultad de Humanidades de la UMSS, en el CESU y en CEDIB.

En estos espacios se habló sobre Derechos Humanos y problemática minera, el derecho al desarrollo, el rol de los estados en la profundización del extractivismo y energía solar, entre otros puntos. Entre las y los participantes también estuvieron Bonnie Campbell, de Canadá; Ángel Saldomando, de Chile; Marcos Nordgren y Martín Vilela, de Bolivia.

Este seminario, que se inició el 31 de agosto pasado y terminó ayer, fue organizado por la Facultad de Humanidades de la UMSS, el CESU, la Plataforma Boliviana Frente al Cambio Climático, el CEDIB, el Grupo de Trabajo sobre Cambio Climático y Justicia (GTCCJ) y Reinventerra.

(Plataforma Boliviana Frente al Cambio Climático)

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